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La amnesia de las vacunas: cómo los medios nos hicieron olvidar

Quizá este sea el capítulo más importante de todo el libro. La “amnesia de las vacunas” es el olvido, provocado a propósito, de los grandes desastres de vacunas que en su momento salieron en los periódicos y la televisión, con lujo de detalles. Los mismos desastres se repiten una y otra vez, por dos razones: porque a los responsables nunca se les castiga, y porque la prensa —comprada por la industria farmacéutica— borra la memoria de lo que pasó. Este capítulo se basa en el trabajo de A Midwestern Doctor, que reunió más de cincuenta reportajes viejos que casi nadie recuerda.

El patrón que siempre se repite

Cada nueva vacuna sigue el mismo guion, en cuatro actos. Primero, la promesa: nos la venden como “segura y efectiva”, la solución para acabar con una enfermedad. Segundo, la realidad: aparecen los daños, y se documentan tanto en las revistas médicas como en la prensa. Tercero, el encubrimiento: el gobierno y la industria esconden las pruebas, con la excusa de que, si la gente se entera, dejaría de vacunarse. Y cuarto, la amnesia: la prensa deja de hablar del tema por la presión de la publicidad, y la nueva generación crece sin saber que nada de eso ocurrió. Así, el mismo error se puede cometer otra vez, con una vacuna nueva.

Aquí está la clave que todo lo explica: un sistema de vacunación masiva solo se sostiene censurando toda evidencia de daño, y luego usando esa ausencia de evidencia como prueba de que las vacunas son seguras. Es un truco perfecto: primero borran las pruebas, y después dicen “¿ve? no hay pruebas”.

Cómo la industria compró a los medios

El punto de quiebre fue el año 1997, cuando la FDA permitió por primera vez que las farmacéuticas hicieran publicidad de medicamentos directamente al público. Solo dos países del mundo lo permiten: Estados Unidos y Nueva Zelanda. Desde entonces, la industria le paga a los medios cerca de mil millones de dólares al año en publicidad: ABC, CBS, NBC, Fox, CNN, MSNBC, y cientos de periódicos y estaciones locales. Con ese dinero de por medio, ningún medio grande se atreve a pasar algo que dañe a las vacunas.

No hay que creerlo a ciegas; lo cuentan los propios periodistas. Megyn Kelly, cuando estaba en Fox, contó que los jefes “salían corriendo al set” a decirle que cortara el tema apenas se hablaba de daños de vacunas. Sharyl Attkisson, una premiada periodista de investigación de CBS, lo documentó en sus libros “Slanted” (2020) y “Follow the Science” (2025): desde principios de los 2000, la presión de la publicidad hizo desaparecer los reportajes críticos. Y Tucker Carlson fue despedido de Fox justo después de un segmento crítico, en abril de 2023. Robert F. Kennedy Jr. lo resume así: Fox no podía criticar las vacunas porque entre el 70% y el 75% de su dinero de publicidad venía de las farmacéuticas.

Los desastres que nos hicieron olvidar

La polio y el desastre de Cutter (1955). La vacuna se aprobó y se liberó a las apuradas en abril de 1955. Dos semanas después, había niños paralíticos —justo en el brazo de la inyección— por todo Estados Unidos. Se descubrió que solo dos de los cinco fabricantes habían hecho la vacuna igual a la de los ensayos, y que todas las que paralizaban venían de un solo laboratorio: Cutter. Una investigadora del gobierno, Bernice Eddy, había avisado de inmediato que la vacuna paralizaba a los monos; la mandaron a callar. En 1960 descubrió algo peor: las vacunas de polio estaban contaminadas con un virus que causa cáncer, el SV-40. Por decirlo, la degradaron y le quitaron su laboratorio. Entre 40 y 98 millones de estadounidenses recibieron ese virus. En 1963 obligaron a dejar de usar los riñones de mono contaminados, pero el daño estaba hecho: un aumento del cáncer sin precedentes… hasta las vacunas de COVID. La propia FDA escribió que cualquier duda sobre la seguridad “no podía permitirse existir”, porque bajaría la vacunación. Y aquí un detalle enorme: antes de todo esto, el gobierno era el árbitro independiente; después de las demandas, se volvió parte interesada, con motivos para encubrir.

La gripe porcina (1976). El Dr. Joseph Anthony Morris, jefe de control de vacunas de la FDA, encontró que las vacunas de la gripe eran poco efectivas y peligrosas; lo ignoraron y lo persiguieron. De hecho, en una audiencia del Senado en 1972 se sacaron del mercado 32 vacunas por inseguras. En 1976, por un solo soldado muerto, el gobierno decidió vacunar a todo el país con una vacuna hecha a las carreras. Morris advirtió en el show de Donahue —uno de los más vistos del país— que era “insegura, inefectiva e innecesaria”. El resultado fue el síndrome de Guillain-Barré, una parálisis: oficialmente 1 de cada 100.000, pero algunos médicos vieron ese daño en el 6% de sus pacientes. Cientos de paralizados, decenas de muertos, miles de demandas. ¿Y qué “lección” sacó el gobierno? No fue “dejar de empujar vacunas inseguras”, sino “comunicar mejor” para que la gente no perdiera la confianza en las autoridades de salud.

La DPT (tosferina). Fue peligrosísima desde el inicio: convulsiones, daño cerebral permanente y muerte de cuna en bebés. Los pediatras no reconocían las reacciones y juraban que era “100% segura”. Existían versiones más seguras, pero costaban más de fabricar; fue como el famoso memo del Ford Pinto, donde a la empresa le salía más barato pagar las demandas que hacer un producto seguro. En 1982, un programa de NBC sacudió al país y empezaron las demandas. Los padres fundaron “Dissatisfied Parents Together”, hoy el National Vaccine Information Center (nvic.org), con Barbara Loe Fisher al frente. En 1986 se aprobó la ley que les dio inmunidad legal a los fabricantes y creó el sistema de compensación y el registro de daños llamado VAERS. Entre 1982 y 1997 hubo muchísimos reportajes críticos en NBC, ABC, CNN, Donahue y otros. Después, el silencio.

Y así con casi todas. La hepatitis B se la ponen a todos los recién nacidos, aunque solo beneficia a grupos de riesgo (como los que comparten agujas); causa problemas autoinmunes y neurológicos. La del neumococo causa convulsiones y a veces la muerte, y ni siquiera se probó contra un placebo; los del CDC que la aprobaron tenían conflictos de interés. La vacuna del ántrax, en la Guerra del Golfo, dañó a más soldados que toda la guerra: unos 250.000 de 697.000 desarrollaron el “Síndrome de la Guerra del Golfo”. La de la viruela, en la Guerra de Irak, causaba miocarditis, y se frenó por los daños en los militares antes de llegar al público. Y la de la gripe (influenza) da un beneficio mínimo, casi nunca coincide con la cepa que anda circulando, y muchas veces empeora la gripe; muchos trabajadores de salud quedaron con Guillain-Barré por ella. Hasta el periodista Piers Morgan se contagió de gripe diez días después de que el Dr. Oz lo vacunara en cámara.

El VPH (Gardasil): una de las peores

La vacuna del virus del papiloma (VPH), la Gardasil, es —según A Midwestern Doctor— una de las peores vacunas de la historia, hecha por puro negocio. Sus propios ensayos mostraron que entre el 2.5% y el 50% de las niñas desarrollaron problemas autoinmunes y neurológicos, aunque el fabricante, Merck, fue deliberadamente vago al reportarlo. Encubrieron los daños igual que después harían con el COVID. En Europa, donde la industria no puede comprar a la prensa de la misma forma, sí se habló: un reportaje danés de 2015 hizo que muchas niñas dañadas se dieran cuenta, por fin, de que no estaban solas.

El COVID: lo mismo, pero peor

Con las vacunas de COVID se repitió todo, pero a mayor escala. Como con la polio, usaron un proceso de fabricación distinto al de los ensayos, más peligroso, y muchos creen que esa es una de las razones de tanto daño. La vacuna de Johnson & Johnson usa un adenovirus modificado, y resulta que Bernice Eddy ya había descubierto, décadas atrás, que las vacunas de adenovirus causaban cáncer.

Los datos que fueron saliendo son escalofriantes. Un estudio del seguro nacional de salud de Corea del Sur, con los registros de media ciudad de Seúl, encontró un aumento enorme de muchísimas enfermedades. En salud mental: la depresión subió un 68%, la ansiedad un 44% y los trastornos del sueño un 93%. Y en cáncer, a un año de la vacuna: tiroides +35%, estómago +34%, colon +28%, pulmón +53%, mama +20%, próstata +69%. Con las dosis de refuerzo fue aún peor: páncreas +125% y linfoma de Hodgkin +201%. Ocultarle estos datos al público “para no crear dudas sobre la vacuna” fue uno de los mayores crímenes de toda la pandemia.

Para lograr ese silencio, a los medios les ofrecieron contratos de publicidad millonarios a cambio de una cobertura positiva. Casi el único que se atrevió a hablar fue Tucker Carlson, porque su programa no dependía del dinero de las farmacéuticas… y por eso lo despidieron.

El autismo: las dudas son de mucho antes de Wakefield

A la gente se le hizo creer que el miedo a que las vacunas causen autismo empezó con un solo estudio “fraudulento”, el del Dr. Andrew Wakefield. Es falso. Las dudas sobre el daño cerebral de las vacunas son de mucho antes. Entre 1999 y 2015 hubo decenas de reportajes en Fox, CNN, ABC y CBS —varios de ellos de la periodista Sharyl Attkisson— sobre la relación entre las vacunas y el autismo. En uno, hasta un exdirector del NIH admitió que “algunos niños pueden desarrollar autismo por las vacunas” y que había que dejar de descartarlo e investigarlo. Larry King tuvo en su programa a Jenny McCarthy y a Jim Carrey hablando del tema. El último reportaje que ligó vacunas y autismo salió en 2015; después, nada, hasta que la llegada de RFK al gobierno volvió a poner el tema sobre la mesa.

Las firmas que fabrican la opinión

Nada de esto es casualidad; hay empresas dedicadas a fabricar lo que usted piensa. La misma firma de relaciones públicas (Hill & Knowlton) que inventó el falso “testimonio de Nayirah” para meter a Estados Unidos en la Guerra del Golfo trabaja hace mucho para las farmacéuticas, y fue contratada para promover el relato del COVID y borrar las dudas sobre las vacunas. Es el mismo truco de la guerra: después de Vietnam, el Pentágono aprendió a “sanear” la imagen del conflicto, con periodistas “incrustados” que solo mostraban lo aprobado. Con las vacunas hacen igual: nos muestran solo la foto limpia.

El VAERS y la esperanza

El sistema para reportar daños de vacunas, el VAERS, se creó en 1986 justamente porque los médicos y los fabricantes nunca reportaban los daños. Hoy, los propios medios, el gobierno y la industria lo desprestigian, para que usted no le crea. Pero hay esperanza. Por primera vez, la prensa independiente —gente como Attkisson, Kelly y Carlson, ya fuera de los grandes medios— tiene más influencia que antes. RFK está intentando restringir la publicidad de medicamentos, algo que hacía falta desde hace décadas. Y hoy hay más producciones independientes sobre los daños del COVID que sobre todas las vacunas anteriores juntas. La amnesia se puede romper.

Cuando la gente deja de vacunar, ¿qué propone la prensa?

En agosto de 2026 la BBC publicó un reportaje sobre la caída de las vacunaciones infantiles en Gran Bretaña. Lo revelador no son las cifras, sino la explicación que el propio reportaje ofrece y las soluciones que propone.

Primero, la explicación. El artículo cita a una investigadora de un centro de estudios que dice que, pese a los titulares sobre los “antivacunas”, la mayoría de los padres que rechazan la vacunación no se oponen por ideología: pesa mucho la comodidad, y las tasas de vacunación son más altas cuando los padres tratan con médicos con frecuencia, porque el médico se lo recuerda y les dice exactamente dónde ir.

Léalo otra vez, porque ahí está todo. El diagnóstico no es “los padres tienen dudas que habría que responder”. El diagnóstico es “los padres no están teniendo suficiente contacto con el sistema”.

Y de ese diagnóstico salen las soluciones. Una es poner puestos de vacunación en los centros comerciales y en los estacionamientos, para que el padre pase a vacunar al niño mientras hace las compras. La otra, hacia el final del artículo, es hacer la vacunación obligatoria.

Ese es el patrón de este capítulo otra vez, y conviene nombrarlo: cuando el consentimiento baja, lo que se ofrece primero es comodidad y después obligación. Lo que no se ofrece nunca es responder las preguntas. Un sistema seguro de sí mismo contestaría las dudas; uno que no puede contestarlas busca cómo no tener que hacerlo.

El mismo reportaje atribuye a las vacunas la enorme caída de la mortalidad infantil desde el siglo XIX, y dice que “los científicos coinciden en general” en que fueron clave. Vale la pena notar la forma del argumento: que los científicos coincidan no es lo mismo que que esté demostrado, y este capítulo entero trata de lo que pasa cuando se confunde una cosa con la otra.

Esta lectura del reportaje es de Dawn Lester, en su artículo “How the Mainstream Continues to Mislead” del 8 de agosto de 2026. Ella va más lejos que este libro: sostiene que las vacunas nunca se han probado eficaces porque los gérmenes no son la causa de la enfermedad. Esa posición es de ella; lo de arriba se sostiene solo, sin necesidad de aceptarla. Vea también el capítulo 4.

En resumen

La historia se repite porque nos hacen olvidar. Si usted conoce estos desastres —Cutter, la gripe porcina, la DPT, el ántrax, la Gardasil, el COVID—, ya no lo pueden engañar con el mismo truco de siempre. Antes de creer que algo es “seguro y efectivo”, hágase dos preguntas: ¿quién le paga al que me lo está diciendo?, y ¿dónde están los datos? Búsquelos usted mismo. La mejor vacuna contra la mentira es la memoria.

Para saber más (fuentes en inglés)

Este capítulo se basa en el artículo de A Midwestern Doctor, que reúne más de cincuenta reportajes de televisión sobre desastres de vacunas y cita muchos estudios científicos.

La amnesia de las vacunas: cómo los medios la usaron para hacernos olvidar: https://www.midwesterndoctor.com/p/vaccine-amnesia-how-the-media-used

El National Vaccine Information Center (centro de información sobre daños de vacunas): https://www.nvic.org

¿Qué hace que todas las vacunas sean tan peligrosas?: https://www.midwesterndoctor.com/p/what-makes-all-vaccines-so-dangerous

La ciencia olvidada de la provocación de enfermedades por vacunas: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-forgotten-science-of-vaccine

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