Vacunas
Nuestros antepasados nunca se vacunaron, y aun así la humanidad sobrevivió miles de años. Hoy, en cambio, a un bebé le ponen decenas de vacunas antes de los dos años, y las enfermedades crónicas en los niños se han disparado. Este no es un tema pequeño: para muchos, las vacunas son una de las formas más seguras de arruinarse la salud, a veces décadas después.
En este capítulo le explico, de la forma más sencilla posible, por qué las vacunas hacen daño y cómo. Casi todo lo que sigue viene del trabajo de A Midwestern Doctor, que a su vez cita cientos de estudios. Al final le dejo los enlaces para que investigue usted mismo. No le pido que me crea: le pido que lea y decida.
Cómo dañan las vacunas: el potencial zeta
En el capítulo sobre la sanación con energía vimos el “potencial zeta”: la carga eléctrica negativa que mantiene separadas las células de la sangre para que fluyan sueltas. Pues bien, las vacunas —sobre todo por el aluminio que llevan— bajan ese potencial. Cuando baja, las células de la sangre se pegan, la sangre se “enloda” y se tapan los vasos más finos. El resultado son miles de micro-derrames (microinfartos) por todo el cuerpo, sobre todo en el cerebro.
Un neurólogo canadiense, Andrew Moulden, dedicó su vida a esto. Vio que muchos niños quedaban con señales sutiles de derrame después de una vacuna: ojos desviados, media cara caída, pérdida del habla. La medicina no las reconocía. Moulden murió en circunstancias sospechosas poco después de dar a conocer sus hallazgos, y su trabajo quedó enterrado.
Esto explica algo que casi nadie nota: la cara humana se volvió asimétrica. Antes, una cara torcida o un ojo desviado eran raros; hoy son lo normal. Según esta teoría, es el resultado de un siglo de daño a los nervios de la cara (los llamados nervios craneales) por las vacunas. El ojo desviado (estrabismo) afecta hoy a cerca del 2% de la gente.
El aluminio
Casi todas las vacunas clásicas llevan aluminio como “adyuvante”, es decir, algo que irrita al cuerpo para forzar una reacción inmune fuerte. El problema es que el cuerpo no puede deshacerse del aluminio: las células que intentan tragárselo no lo pueden digerir y terminan depositándolo en el cerebro y el bazo.
En ratones, inyectar aluminio produjo síntomas parecidos a los trastornos del desarrollo y multiplicó por cuatro una sustancia inflamatoria del cerebro (la IL-6), ligada al autismo. En los cerebros de personas con autismo se han medido algunas de las cantidades de aluminio más altas jamás registradas. El primer director de la FDA luchó por sacar el aluminio de uso general, pero la industria lo sacó a él. Y para colmo, en un estudio de 2021, solo 3 de 13 vacunas tenían la cantidad de aluminio que decía la etiqueta.
Vacunas y autismo
El autismo de retroceso —cuando un niño que iba bien de pronto pierde el habla y se encierra— aparece poco después de una vacuna, nunca antes. No es casualidad.
El mecanismo tiene un nombre: la “respuesta de peligro celular” (por el trabajo del Dr. Robert Naviaux). Normalmente, ante una amenaza, la célula pasa por unas fases de defensa y luego vuelve a la normalidad. En el autismo, la célula se queda “atascada” en modo de defensa y ya no funciona bien. Curiosamente, casi todos los genes ligados al autismo tienen que ver con esta respuesta: por eso el autismo necesitaba un disparador —la vacunación masiva— para dispararse.
Hay relación de dosis: entre más vacunas juntas, mayor el riesgo. En bebés prematuros, que reciben la misma dosis que uno grande, el riesgo de trastornos neurológicos se multiplicó hasta por 14. Espaciar y retrasar las vacunas baja mucho las reacciones. Cuando en Inglaterra, Noruega y Suecia bajó la vacunación con la MMR después de 1998, el autismo bajó; cuando volvió a subir, el autismo subió. Y aunque quitaron el mercurio de las vacunas, el autismo siguió subiendo, no bajando.
Un dato que lo dice todo: en Estados Unidos, la ley de vacunas de 1986 les quitó a los fabricantes la responsabilidad legal por los daños y abrió la puerta a una avalancha de vacunas nuevas. Desde entonces, la enfermedad crónica en niños pasó de un 12.8% a un 54%. A los niños con autismo, lo que más les ha ayudado, según los padres, es quitar el gluten y las alergias, tratar la cándida, arreglar la “metilación” y sacar los metales pesados.
La muerte de cuna (SIDS)
La muerte súbita del bebé sano —la “muerte de cuna”— tiene un patrón que nadie quiere ver: ocurre sobre todo a los 2, 4 y 6 meses, justo cuando se ponen la mayoría de las vacunas. De hecho, antes se llamaba “muerte de cuna”; le cambiaron el nombre a “síndrome de muerte súbita del lactante” (SIDS) para tapar la relación.
La evidencia lleva casi un siglo acumulándose. En 1978, en Tennessee, murieron once bebés en ocho días tras la vacuna DPT; nueve eran del mismo lote. Datos de la propia farmacéutica GSK mostraron que el 52.5% de las muertes ligadas a vacunas ocurrieron en los tres días siguientes, y el 82% en la primera semana. Un investigador de la OMS (Peter Aaby) encontró que la DPT se asociaba a una mortalidad 5 veces mayor que no vacunarse. En Florida, cuando bajó la vacunación durante la pandemia, la mortalidad infantil bajó casi un 9%.
El médico Archie Kalokerinos descubrió que en comunidades aborígenes se moría hasta la mitad de los bebés después de las campañas de vacunación, y que la vitamina C lo evitaba. El mecanismo, otra vez, son los microinfartos: dañan la parte del cerebro que controla la respiración automática, y el bebé deja de respirar. Un memo interno de la farmacéutica Wyeth, de 1979, hasta explicaba cómo repartir los lotes malos por todo el país para que nadie notara los grupos de muertes.
Muerte súbita en adultos y las vacunas de COVID
Con las vacunas de ARN mensajero (Pfizer y Moderna) el problema tomó otra forma. El ARN sintético hace que el cuerpo fabrique la proteína pico (la “spike”) una y otra vez, y esa proteína tiene mucha carga positiva: arruina el potencial zeta, forma microcoágulos y ataca el corazón (miocarditis).
Por eso hemos visto tantos casos de gente joven y atletas que se desploman de repente. El patólogo Arne Burkhardt encontró, en 14 de 15 autopsias de personas muertas tras la vacuna, un daño en el corazón y los pulmones causado por el propio sistema inmune. Hay casos de muerte a los pocos minutos de la inyección, y el daño puede tardar meses en matar (el promedio fue de unos cinco meses).
Las vacunas y la fertilidad
Las vacunas de COVID afectan la reproducción. El efecto secundario más común fueron las alteraciones de la regla, en cerca de la mitad de las mujeres. Los datos de la propia farmacéutica mostraron que la vacuna se concentra en los ovarios. Se reportaron más abortos, y desde que salieron las vacunas la tasa de nacimientos bajó entre un 8% y un 15%. Un experto (Mike Yeadon) ya lo había advertido en 2020, y la empresa se eximió de probar justamente esta área.
¿De verdad funcionan? La “provocación”
Hay algo que casi nadie sabe: una vacuna puede despertar o empeorar la misma enfermedad que dice prevenir, u otra infección que estaba dormida. Se le llama “provocación”, porque el sistema inmune se distrae con la vacuna y deja que la infección se salga de control. Está documentadísimo, pero se olvidó a propósito.
El ejemplo más claro es la polio: en los años 50 se comprobó que vacunar (de difteria o tosferina) podía disparar una polio paralítica, y la parálisis salía justo en el brazo de la inyección. Lo mismo se vio con la fiebre tifoidea, la tuberculosis y la enfermedad de Lyme. Y hoy se repite: desde 2017, la propia vacuna de la polio causa más casos que el virus salvaje, y en la India se ligó a casi 500.000 niños con una parálisis parecida a la polio.
También está el “pecado antigénico original”: mientras más veces se vacuna uno contra una gripe que ya no circula, más fácil se enferma de otras. En un estudio de la Clínica Cleveland, con más de 50.000 personas, mientras más dosis de la vacuna de COVID tenían, más se contagiaban. Y con la vacuna del VPH, la propia FDA vio que ponérsela a quien ya tenía el virus le subía el riesgo de cáncer de cuello uterino.
Por último, no olvide un dato clave: las grandes epidemias ya venían bajando antes de las vacunas, gracias a la limpieza, el agua potable y la mejor alimentación, no a las inyecciones.
Cómo recuperarse
Si usted o alguien cercano ya se vacunó, no todo está perdido. El objetivo es limpiar la proteína pico y volver a subir el potencial zeta. Hay un capítulo aparte sobre cómo desintoxicarse de la proteína pico; aquí van las ideas principales.
Ayunar activa la “autofagia”, la forma en que el cuerpo limpia y recicla las proteínas dañadas y tóxicas. Comer solo en pocas horas del día ayuda a lo mismo. Ciertas enzimas ayudan a deshacer los coágulos y la proteína pico: la nattoquinasa, la bromelina (de la piña) y la cúrcuma. La vitamina C, el sol, caminar descalzo sobre la tierra y todo lo que sube el potencial zeta (vea el capítulo de sanación con energía) empujan en la dirección correcta. El grupo de médicos FLCCC tiene un protocolo, el I-RECOVER, para los dañados por la vacuna.
En resumen
Nuestros antepasados no se vacunaban, y ese sigue siendo el mejor consejo. Si de todos modos decide vacunar a un niño, lo más prudente, según todo lo anterior, es: no ponerle varias vacunas el mismo día, retrasarlas lo más posible, nunca vacunar a un bebé enfermo o prematuro, y mantener alto el potencial zeta (sol, buena grasa, minerales, y nada de aluminio). Y si ya hubo daño, ayune, limpie la proteína pico y suba su energía. Sobre todo, investigue usted mismo: lea las fuentes, no se quede solo con lo que le dicen en la televisión.
Para saber más (fuentes en inglés)
Aquí están los artículos (en inglés) de A Midwestern Doctor en los que se basa este capítulo. Cada uno cita muchos estudios científicos.
¿Qué hace que todas las vacunas sean tan peligrosas?: https://www.midwesterndoctor.com/p/what-makes-all-vaccines-so-dangerous
¿Por qué todas las vacunas causan daño?: https://www.midwesterndoctor.com/p/why-do-all-vaccines-cause-harm
¿Cómo causan autismo las vacunas?: https://www.midwesterndoctor.com/p/how-do-vaccines-cause-autism
¿Cómo causan las vacunas la muerte súbita?: https://www.midwesterndoctor.com/p/how-do-vaccines-cause-sudden-death
Un siglo de evidencia de que las vacunas causan la muerte de cuna (SIDS): https://www.midwesterndoctor.com/p/the-century-of-evidence-vaccines
La tragedia olvidada de los daños neurológicos por vacunas: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-forgotten-tragedy-of-neurological-9bc
Cómo sabíamos que las vacunas de COVID afectarían la fertilidad: https://www.midwesterndoctor.com/p/how-did-we-know-that-the-covid-19
La ciencia olvidada de la provocación de enfermedades por vacunas: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-forgotten-science-of-vaccine