El Arte de Vivir en Equilibrio private preview · read-only
Contents › Capítulos

✎ Edit this section (author)

Sus comentarios son bienvenidos. Seleccione con el cursor cualquier frase sobre la que quiera comentar y aparecerá un botón Añadir comentario.

Qué comer y qué no comer para mantener el cuerpo joven, rejuvenecer y no enfermar

A continuación, les comparto un resumen de más de veinte años investigando qué se debe comer y qué no, y mucho más.

Este no es un libro de medicina. Es un resumen de lo que yo he aprendido y de cómo me ha funcionado a mí. Lo fui aprendiendo poco a poco, a lo largo de los años. Nunca pensé que iba a escribir sobre este tema, así que no guardé notas ni referencias.

Este libro comenzó como un capítulo de otro libro que estoy escribiendo. Con el tiempo, ese capítulo se fue convirtiendo en este libro.

Este libro es solo una introducción a varios temas de alimentación y salud. Cada uno de estos temas daría para varios libros. Ya existen libros, páginas web y foros de Internet sobre todos ellos.

Muchos de los descubrimientos que verá a continuación vienen de estudios avanzados sobre cómo funcionan las células y el cuerpo. Esos estudios los hacen laboratorios farmacéuticos que buscan crear nuevas medicinas. Pero, curiosamente, se pueden lograr los mismos resultados —o mejores— con simples cambios en la dieta, como el ayuno. En el futuro puede que existan medicinas que lo curen todo. Mientras tanto, aquí le explico qué puede hacer hoy para mejorar su vida, muchas veces hasta ahorrando dinero.

Mucha gente promueve distintas dietas, pero yo no estoy de acuerdo con la mayoría de ellas. Si usted sigue unas reglas simples, tendrá buena salud, un peso adecuado y hasta se sentirá más joven. No se trata de dietas forzadas ni absurdas. Se trata de usar nuestra propia capacidad de saber qué comer, cuándo comerlo y en qué cantidad. Es decir, cambiar las malas costumbres que fuimos adquiriendo con los años por costumbres mejores.

La mayoría de los problemas de salud vienen de malas costumbres y de unos cuantos ingredientes dañinos. Hay que eliminarlos, o al menos reducirlos mucho, de todo lo que comemos. Unos pocos cambios simples le mejorarán bastante la salud. Si hace todos los cambios que sugiero en este libro, notará mejoras importantes en su vida y su salud.

Los problemas más graves vienen de la enorme cantidad de engaños y mentiras en los medios de comunicación. Hoy en día, estas mentiras aparecen hasta en las películas: "Coma bajo en grasa y sal." "Vacune a sus hijos." "Use protector solar." Todo es un engaño malicioso. Como dice el dicho: "Una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad." Pero, ojo, no deja de ser mentira.

Yo no recomiendo dietas que prohíban comidas. Solo recomiendo cambiar cuándo comemos, cuánto comemos, con qué frecuencia y con qué combinamos las comidas. Con solo cambiar esas combinaciones, uno controla mejor qué y cuánto come, casi sin darse cuenta.

Nuestro cuerpo sabe lo que debemos comer, aunque nuestra mente no tenga ni idea. La mente nos da ideas todo el tiempo, pero nosotros —que no somos la mente— somos quienes debemos decidir. Nunca debemos dejar que la mente nos controle. El secreto está en calmar la mente y dejar que el cuerpo nos guíe sobre qué y cuándo comer.

A esto hay que sumarle un poco de información técnica sobre qué comer más y qué comer menos, porque el cuerpo no tiene forma de detectar muchos de los tóxicos que hoy están en la comida.

Las necesidades de cada persona varían según su meta: bajar de peso, subir de peso, curarse de una enfermedad del sistema inmune, o simplemente vivir más años con buena salud. Cada persona tiene sus propias metas, necesidades, acceso a comida y presupuesto. Por eso la misma dieta no sirve para todos.

Aun así, hay puntos que aplican a todos: reducir mucho o eliminar el azúcar; sacar de la dieta los tóxicos, como preservantes, pesticidas y todo lo artificial; comer más grasa; y tomar minerales —como el magnesio iónico, es decir, en la forma que el cuerpo absorbe mejor—, vitaminas y suplementos.

Los primeros pasos para mejorar su salud son:

Si sus antepasados hacían algo, haga usted lo mismo. Si no lo hacían, no lo haga. Hay pocas excepciones a esta regla.

¿Tomaban gaseosas en el año 1700? No. Entonces, no tome gaseosas. ¿Comían carnes grasosas? Sí. Entonces, coma carnes grasosas. Con este simple consejo, toda la salud mejora. Puede hacerse esta pregunta con cualquier comida: ahí está la respuesta a casi todo. Para la mayoría de las personas de Sur y Centroamérica: ¿comían arroz sus antepasados? No. ¿Azúcar blanca procesada? Tampoco. Entonces, usted tampoco debería comerlos. Así de simple.

Tampoco olvide que nuestros antepasados nunca se pusieron vacunas. Las vacunas son una forma casi garantizada de vivir una vida difícil: a veces, décadas después, aparecen enfermedades causadas por esa vacuna que le pusieron de niño. Si usted es padre o madre, ¿de verdad quiere un hijo con retraso mental? Si lo vacuna, es probable que se le cumpla ese temor. Edúquese. Si sabe inglés y busca en Internet, va a encontrar una serie de más de cuarenta horas que explica en detalle los peligros de las vacunas.

Nuestros antepasados tampoco usaban pasta de dientes, y mucho menos con flúor, que es justamente lo que causa las caries.

Ojo con las vacunas nuevas, como las de Pfizer y Moderna (fíjese bien: MODE-RNA, porque modifican el ARN). Según esta teoría, hacen que el cuerpo produzca anticuerpos contra una proteína que usa la placenta, lo cual podría afectar la fertilidad —tanto en hombres como en mujeres— y hasta pasar a los hijos. Y todo esto por un virus del que no hay prueba de que exista, y que, aunque existiera, tendría una mortalidad casi nula. Y la llamada "repentinitis" está causada por esas vacunas: ojo, no son vacunas, nos mintieron, son modificadores genéticos.

Tome agua antes de las comidas. Unos 10 a 30 minutos antes de comer, tome agua: la misma cantidad que acostumbra a tomar con la comida. Esto evita que los jugos gástricos se diluyan cuando la comida llega al estómago.

Tome agua alcalina, de preferencia. Hay equipos en el mercado que alcalinizan el agua. "Alcalino" es un término científico que simplemente quiere decir que tiene más electrones, es decir, más energía en el núcleo del átomo.

Coma más comidas alcalinas. Son las que casi nunca acostumbramos a comer. En Internet hay listas de comidas alcalinas y ácidas.

Otra forma de poner más electrones en el cuerpo es la vitamina C. Consuma bastante vitamina C. Pero ojo: esto solo funciona bien si también consume suficientes grasas buenas. La vitamina C debe ser liposomal, es decir, envuelta en grasa, para que se absorba mucho mejor.

Tome un mínimo de cuatro litros de agua al día. Si está sudando, tome todavía más agua. La orina siempre debe estar clara y sin olores fuertes; si no lo está, es señal de que debe tomar más agua. Es mejor tomar un poco de más que de menos: tomar poca agua causa muchos problemas. El agua siempre debe llevar un cuarto o media cucharada de sal de mar.

Acostúmbrese a tomar de 1.5 a 2 litros de agua con media cucharada de sal por litro, en ayunas, a primera hora al despertar. Esto es muy importante: hidrata el intestino y ayuda a evacuar pronto. Es una excelente forma de comenzar el día. Recuerde: siempre con sal en el agua. Todas las células flotan en agua salada.

Por qué esa primera hora importa más que las demás. Al despertar, el cuerpo suelta una descarga de cortisol: sube entre un 38% y un 75% y llega a su punto más alto entre treinta y cuarenta y cinco minutos después de abrir los ojos. Se llama la respuesta de cortisol al despertar, es normal y es necesaria —es el mecanismo con el que el cuerpo lo pone a usted en marcha—, pero significa que durante esa primera hora usted ya está, por diseño, con el acelerador pisado. Y lo está con el estómago vacío y ácido. Por eso lo primero que entre debe ser agua y no otra cosa; mejor tibia o al tiempo que helada. No es casualidad que le siente bien: está usted acompañando lo que el cuerpo ya estaba haciendo, en vez de estorbarlo. Si quiere ver la fisiología: https://academic.oup.com/edrv/article/46/1/43/7739741

Lo ideal es beber solo agua de manantial, nunca del grifo de su casa. Escoja bien el agua que toma. Tome agua de varias fuentes de manantial. Está probado científicamente que el agua "recuerda" por dónde ha pasado y con qué químicos se ha mezclado, así que tomar solo agua filtrada no es suficiente para tener buena salud. Si no puede conseguir agua de manantial, use agua filtrada por ósmosis reversa, después mineralizada y luego alcalizada. Nunca tome agua con cloro ni con flúor.

Agua con hidrógeno liberado: ya existen equipos que separan el hidrógeno del agua. Cuestan entre 300 y 3.500 dólares, y se pueden comprar en Aliexpress o Amazon.

Quítele los tóxicos al agua. El agua del grifo trae cloro, flúor y a veces aluminio, todos dañinos. Cualquier filtro es mejor que nada, pero el que más limpia es el de ósmosis inversa, el único que saca bien el flúor. Ponga también un filtro de cloro en la regadera: al bañarse con agua caliente, el cloro se evapora y usted lo respira. Si usa ósmosis inversa, que también quita los minerales buenos, devuélvale el magnesio (en forma de citrato, malato u orotato, no de óxido).

Guárdela en vidrio. Nunca tome ni guarde agua en recipientes de aluminio, y evite también el plástico. Use vidrio. El aluminio se pasa al agua y es de los metales más dañinos que hay.

El agua muy fría, no. Evite el agua con hielo, sobre todo con las comidas: apaga la digestión. Tómela a temperatura ambiente o tibia.

No confunda el hambre con la sed. Puede que solo tenga sed. Siempre que sienta hambre, tome agua primero.

Las "aguas estructuradas" ya están saliendo a la venta: son aguas tratadas con un equipo que cambia el ángulo molecular del agua. Esta es el agua ideal, e hidrata las células mucho mejor.

Use solo sal de mar. Nunca consuma sal con flúor: al contrario de lo que se cree, ese mineral es tóxico para el cuerpo humano y animal. Lo más prudente es usar solo sal marina, y nunca pasta dental con flúor.

Consiga sal de varios mares. Es muy barata, así que vale la pena hacer el esfuerzo.

La sal no debe cocinarse: añádala al final de la comida.

El agua siempre debe tomarse con sal: un cuarto a media cucharada de sal de mar por litro de agua. Este simple cambio le mejorará la salud de inmediato. Eso de que comer bajo en sal es bueno es una mentira.

La falta de yodo es uno de los problemas de salud más comunes. Causa no solo problemas de tiroides, sino también que los ácidos del estómago no se produzcan bien. Por eso, la comida (las proteínas) no se procesa correctamente, y si entra a la sangre sin procesar, se vuelve tóxica en vez de nutrir. Una forma fácil de saber si le hace falta yodo es ponérselo en la piel: si el cuerpo lo necesita, la mancha desaparecerá en unas horas; si no desaparece, no lo necesita. Coma mango, que contiene todo el yodo necesario. Lo ideal es tomar unas gotas de un yodo llamado Lugol.

El magnesio es uno de los minerales que casi lo cura todo, porque un porcentaje muy alto de las enfermedades está relacionado con la falta de magnesio. Por ejemplo, la mayoría de las personas que toman entre tres y seis medicamentos comunes para el corazón pueden dejar de tomarlos —con supervisión médica y de forma inteligente— una vez que tengan buenos niveles de magnesio, sal, potasio y grasas en el cuerpo. Como con la mayoría de los minerales, consumimos muy poco magnesio, incluso tomando suplementos, porque las dosis son muy bajas. Hay que consumir de tres a seis veces lo recomendado, y aun así solo llegamos al 4-20% de lo que necesitamos al día. Para llegar al 100%, hay que tomarlo en forma iónica, no como compuesto químico. Cuesta más, y por ahora solo lo vende el laboratorio www.rnareset.com bajo el nombre ReMag. Cualquier tipo de magnesio le mejorará la salud, pero lo ideal es lo ideal. El magnesio se puede tomar hasta el punto en que empieza a causar diarrea: si tiene dudas, tome más. Ese mismo laboratorio vende otros doce minerales iónicos bajo el nombre ReMyte. El magnesio siempre debe tomarse junto con vitamina D3, para que haga mejor efecto.

Potasio: si tiene palpitaciones en el corazón, el potasio iónico junto con el magnesio es la solución. La misma compañía RNAreset.com lo vende. Al final de este libro hay una lista de otros productores de potasio que también funcionan bien, aunque no sean iónicos.

Y si lo suyo es una arritmia y no una palpitación suelta, no se quede solo con esto. El capítulo 7 tiene la lista completa de causas posibles, el capítulo 16 explica qué le pasa al corazón cuando le falta magnesio, y el capítulo 15 tiene una sección entera dedicada a la arritmia, con el Strophanthus. Lea antes de comprar: conviene saber qué está corrigiendo.

El calcio casi nunca se debe consumir; hay muy pocas excepciones. Es otro de los grandes engaños. Si quiere problemas del corazón, de los huesos, de artritis o de presión alta, consuma más calcio. Si no los quiere, consuma bastante magnesio. Así de simple.

No use pastas de diente ni enjuagues con flúor, y mucho menos lo que le apliquen los dentistas. El flúor se puso en la pasta de dientes de forma maliciosa, por personas que quieren hacerle daño a quien la consume. Si no me cree, edúquese sobre el tema: el flúor es un daño enorme para la humanidad.

Nunca coma postres después de la comida. Cómalos si quiere, pero solos, sin ninguna otra comida en el estómago. Acostúmbrese a comer platos simples en vez de complejos: por ejemplo, los mismos ingredientes del postre, pero por separado. Cuidado con los aceites que se usan en los postres: destruyen las células. Si no sabe con qué aceite y qué azúcar se hizo un postre, mejor no lo coma. Es mejor pasar hambre que comer algo que le hará daño al cuerpo.

El trigo que se vende hoy es tóxico. El trigo que se comía antes de los años 1970 era otra variedad. La mayoría del trigo que se come hoy contiene un tóxico. Si tiene problemas de salud, haga la prueba de pasar una semana o más sin comer nada de trigo (recuerde que la pasta y las galletas suelen ser de trigo). Como mínimo, conviene comer poco trigo por este tóxico. Lo que pasó fue que se descubrió una variedad de trigo mucho más fácil de cultivar, y esa es la que se usa hoy en casi todo el planeta. Esa variedad contiene un tóxico. El cuerpo humano se adapta, así que podemos comer un poco, pero si lo comemos todos los días puede ser demasiado para que el cuerpo lo procese bien. Con el tiempo, muchas personas se dan cuenta de que no pueden comer trigo, ni siquiera un poco.

El detalle técnico: en el trigo hay una sustancia llamada "aglutinina de germen de trigo" (WGA, por sus siglas en inglés), responsable de gran parte de los efectos dañinos del trigo. Los investigadores están descubriendo que el WGA del trigo moderno es muy distinto al de las variedades antiguas. Además, el WGA se encuentra en mayor cantidad en el "trigo integral", incluida su versión germinada, que se supone que es más saludable. También sospecho del glifosato, un químico que suele rociarse sobre el trigo en la cosecha para secarlo. Personalmente, creo que es más probable que la gente reaccione mal al glifosato que al gluten.

Nunca mezcle frutas con comida cocinada ni con carnes. La fruta debe comerse con el estómago vacío, antes de cualquier comida cocinada o carne. Hay una excepción, y quizás otras que yo no conozca: la papaya y la piña. Estas frutas sí son ideales con cualquier comida, sobre todo con carnes.

Coma papaya y piña con carnes. Ambas frutas contienen una enzima que ayuda mucho a la digestión. Si sufre de problemas digestivos, esta es la cura. Si tiene poca energía o cualquier otro malestar, puede que no esté digiriendo bien la comida, en especial la cocinada. Este es un problema crónico muy común, y en gran parte la causa del envejecimiento; por eso ya están saliendo al mercado enzimas digestivas. Una forma sencilla de ayudar es comer papaya y piña con todas las comidas.

La comida cocinada no tiene enzimas vivas. Cocinar es uno de los problemas más graves que tenemos: si dejamos de comer tanta comida cocinada, la salud mejoraría muchísimo. Es cierto que algunas comidas hay que cocinarlas, pero no todas. Por ejemplo, no hace falta cocinar los frijoles: se pueden dejar varios días en agua hasta que germinen y se ablanden, y luego calentarlos apenas un poco. Lo mismo se puede hacer con la mayoría de lo que solemos cocinar. Al principio es un poco complicado, pero sí se puede. Incluso la carne no necesita cocinarse mucho: entre más cruda, mejor. La única razón para cocinar bien una carne es cuando hay duda de que tenga algún parásito dañino. Fuera de ese riesgo, lo ideal es dejar que se descomponga un poco, sazonarla y cocinarla apenas. Cuando la carne se descompone un poco, se ablanda y sabe mejor. Algunas de las carnes más caras del mercado pasan por este proceso, aunque casi nadie lo sabe.

No coma carnes procesadas ni ninguna comida con preservantes. Salvo las carnes orgánicas, las carnes procesadas —como jamón, tocino o chorizo— contienen varios preservantes. Algunos llevan más de 60 años prohibidos en Europa, pero en países como Estados Unidos se usan a diario. Estos preservantes interfieren con el trabajo de los billones de bacterias que tenemos en los intestinos, que son parte de nuestro cuerpo y ayudan a procesar la comida. Cuando come con preservantes, su cuerpo deja de funcionar bien.

Nunca coma si no tiene hambre. Esto suena chistoso, pero no lo es: muchas veces comemos sin tener hambre de verdad. Pregúntese: ¿tengo hambre, o estoy comiendo solo porque es la hora de costumbre? Coma solo si tiene hambre. Le va a sorprender que a veces pasará varios días sin sentir hambre. Acostúmbrese a comer solo cuando de verdad la sienta.

Lo ideal es comer solo durante unas ocho horas del día, y de preferencia solo dos veces. Por ejemplo: comience el día entre las 6 y las 7 de la mañana con dos litros de agua. Luego, entre las 7 y las 8, tome dos o tres vasos de jugo de fruta. Después, un plato fuerte con suficiente grasa y proteína. Si hace falta, coma de nuevo entre las 2 y las 6 de la tarde. De 6 de la tarde a 8 de la mañana (catorce horas), no coma nada. Lo ideal es pasar dieciocho horas o más sin comer, todos los días. La razón es que las células, como nosotros, tienen un horario para trabajar, uno para limpiarse y uno para descansar. Está comprobado que quienes respetan estos horarios viven más años. Además, después de ocho horas sin comer, el sistema inmune empieza a eliminar las células viejas que ya no funcionan bien: si come solo una vez al día, le da tiempo al cuerpo para rejuvenecerse.

Deje de comer antes de sentirse lleno. Es común comer todo lo que nos sirvieron. Mejor siga comiendo mientras tenga hambre, pero pare en cuanto deje de sentirla. Está comprobado que comer menos alarga la vida. Acostúmbrese a comer menos.

Acostúmbrese a parar de comer cuando esté un 80% lleno. En Japón, uno de los países con la gente más saludable del mundo, hasta tienen un ritual para nunca pasarse de ese 80%.

No mezcle las comidas: aperitivo, sopa, plato principal y postre juntos no es aconsejable. Coma por separado, uno a la vez, dejando pasar un tiempo entre cada plato: de 15 a 30 minutos con las frutas, y de 4 a 6 horas con las carnes, o simplemente hasta que vuelva a tener hambre. Qué cosa más sencilla: solo coma cuando tenga hambre.

Si por cualquier razón no tiene hambre, no coma. Si está enfermo y no tiene hambre, tampoco coma: el cuerpo sabe curarse solo. Es normal que, cuando el cuerpo está enfermo, no quiera comer; eso forma parte del sistema inmune curándose. No importa si pasa varios días, incluso semanas, sin comer: cuando esté listo, tendrá hambre de nuevo. Hasta los casos más graves de virus y cáncer se han curado con ayunos de hasta 45 días. Hacer un ayuno diario de 16 horas da un resultado parecido. No hace falta esperar a estar enfermo: coma suficiente en solo 8 horas al día, para no pasar hambre en las próximas 16. Así de simple. En estudios con ratas se ha demostrado que esto alarga la vida un 30%.

Coma mayormente comidas crudas. Acostúmbrese a comer crudo, y empiece el día con comida sin cocinar. Con el tiempo, se le hará fácil.

Deje la comida fuera de la refrigeradora. Aprenda a dejar que la comida se descomponga un poco, es decir, que se fermente. Esto toma algo de práctica, pero es una de las formas más económicas y fáciles de comer alimentos fermentados. Por ejemplo, los jugos de fruta se pueden dejar días fuera del refrigerador para que se fermenten. Hasta las carnes se pueden dejar fermentar un poco. Deje de botar comida solo porque está un poco pasada: esa es de las comidas más saludables que hay. Busque información en Internet y aprenda a fermentar. Toma algo de práctica notar la diferencia entre "un poco fermentado" y "podrido"; a veces son horas, a veces días, y depende mucho de la temperatura ambiente.

Los probióticos son las bacterias, los microorganismos que viven en nuestros intestinos y que forman el 90% de las células del cuerpo humano —aunque casi nunca se habla de ellas—. Son las mismas bacterias de los alimentos fermentados.

Cuando estas bacterias están desbalanceadas, es la causa de casi todos los males, incluida la vejez. Si tuviéramos las bacterias correctas, en las proporciones correctas, seríamos casi inmortales. Piense en un constructor de casas con cien obreros, pero donde 95 de ellos solo saben poner vidrios en las ventanas: ¿podría construir una casa bien de esa forma? Claro que no. Lo mismo pasa con nuestra flora intestinal: hace falta variedad, no solo un tipo de bacteria en exceso.

Cuando comemos demasiada azúcar de la incorrecta, se reproducen en exceso las bacterias incorrectas. Cuando llega comida nueva, no se procesa bien, y a veces pasa de los intestinos a la sangre sin procesar, convirtiéndose en un tóxico —esto pasa mucho con las proteínas—. Para arreglar el balance, hay que comer un buen porcentaje de comidas fermentadas, como el yogur y los quesos con bacterias vivas (si los cocina, las mata). También se pueden tomar probióticos como suplemento, aunque la ciencia todavía tiene mucho que mejorar en esto. No hay que esperar a la pastilla milagrosa: el secreto está en comer todas las comidas fermentadas que se pueda. Hable con alguna persona mayor y pregúntele cómo hacían antes, sin refrigerador: sobre las chichas y otros fermentos, el yogur, los quesos, las carnes y pescados secados al aire libre, y si botaban la comida un poco pasada o se la comían igual.

El kéfir es una de las formas más antiguas de fermentar la leche: https://es.wikipedia.org/wiki/Kéfir

El trasplante de heces de un donante saludable está por convertirse en un tratamiento común. Tiene sentido: el 90% de lo que somos son estas bacterias. Si tenemos las colonias equivocadas, no tenemos buena salud, y un trasplante permite implantar las colonias correctas. Si además cambia la dieta para alimentarlas bien, ellas lo alimentarán bien a usted. De hecho, pacientes con enfermedades crónicas muy debilitantes, causadas por el abuso de antibióticos, están encontrando en esto una cura simple y económica. Hoy más que nunca, científicos serios están investigando este tema, y en un futuro cercano podría volverse una cura simple y barata para muchas enfermedades crónicas.

Los antibióticos casi nunca se deben tomar. El único caso en que se justifica es cuando la persona está al borde de la muerte, o hay pruebas de que sin el antibiótico moriría o tendría un dolor extremo —como en una gonorrea en el hombre o una cistitis en la mujer, algo muy común por falta de bacterias correctas en la vagina—. Entre el 95% y el 99% de las veces que se toman antibióticos, no son necesarios. Los antibióticos destruyen la enorme variedad de bacterias de nuestros intestinos: esas colonias que nos tomó años formar desde niños y que son gran parte de nuestro sistema inmune.

Pasé muchos años en uno de los países más pobres de Latinoamérica, y allí pasé mucho tiempo con un amigo, médico veterinario. Él me enseñó a hacer algunas cirugías, e hicimos juntos varias cirugías largas y complejas. Para mi sorpresa, casi nunca lo vi usar antibióticos: mordidas de perro, atropellos, tierra por toda la herida, y nada de antibióticos. Hacía las cirugías sin guantes ni mascarilla, en el mismo cuarto donde entraban todos los pacientes, con un nivel mínimo de esterilidad. Cuando le pregunté, me dijo primero que la gente no tenía dinero para pagar antibióticos innecesarios, lo cual lo llevó a estudiar cómo usar lo mínimo posible de todo. También me dijo que casi todos los antibióticos que se usan comúnmente son innecesarios. Nunca vi a un paciente suyo morir de una infección. A veces usaba un poco de antibiótico sobre una herida, pero siempre usaba jabón y mucho yodo. Dejaba las heridas abiertas para que las moscas pusieran huevos, que se convertían en gusanos; luego sacaba los gusanos y cerraba más la herida. Yo he hecho lo mismo muchas veces, con muy buenos resultados.

MMS —cuyo nombre químico es NaClO2— se puede usar en vez de antibiótico. El ClO2 es lo que produce la fiebre: es como las balas de un arma. Las células del sistema inmune son como armas, pero sin municiones no funcionan; la fiebre produce esas municiones, aunque a veces no lo bastante rápido. Por eso, darle ClO2 al cuerpo le permite eliminar hasta lo que los antibióticos no pueden: virus y nanobacterias, ya que los antibióticos fueron diseñados para bacterias grandes, no para estas nanobacterias, cuya existencia todavía discuten algunos médicos. En los casos más extremos, este químico simple y muy económico se puede usar por vía intravenosa. Busque también MMS2, otro producto igual de económico. Entre los dos se puede curar la mayoría de las infecciones; por ejemplo, una sola dosis cura la malaria. Por vía intravenosa, cura también la nanobacteria llamada mycoplasma, que hasta hace poco —y todavía, según algunos— se decía que no existía.

La fiebre es algo bueno. Nunca haga nada por bajarla; en el peor de los casos, quítese la ropa y use agua para enfriar un poco el cuerpo. No le tenga miedo a la fiebre: es su amiga y protectora.

Lavarse las manos por miedo a bacterias y virus es una mala idea. Vivimos en un mundo lleno de ideas equivocadas, y esa costumbre de lavarse tanto las manos y los platos ha terminado siendo mala para la salud, sobre todo la de los niños. Un niño criado en un ambiente demasiado limpio termina viviendo, y muriendo, en manos de los médicos: entran y salen antibióticos y vacunas, y la situación empeora con los años, a veces hasta con cirugías nasales para quitar órganos que sí hacían falta. Y todo porque su madre estaba obsesionada con la limpieza: toallitas húmedas, jabón esterilizante, ropa impecable, leche siempre fresca, todo estéril.

Deje que el niño juegue en el pasto y en la tierra, que coma un poco de tierra, que el perro le lama la cara, que recoja comida del piso, que se lave poco las manos: así tendrá un hijo saludable. Qué ironía: podrá parecer "puerco", pero será un niño sano. Lo que ha pasado es que dejamos que el sistema inmune se vuelva perezoso, y por eso, cuando por fin tiene contacto con una bacteria peligrosa, no está preparado para pelear. Quien se enferma es, muchas veces, porque vive en un mundo demasiado estéril y limpio.

De niño me preguntaba por qué nunca veía a un médico resfriado. Observé a un pediatra en particular: nosotros, decenas de niños, teníamos los peores resfriados, pero él nunca se enfermaba. Con los años entendí que su sistema inmune estaba expuesto a bacterias todo el tiempo, y también aprendí que los virus no son contagiosos. Hoy en día esto se está empezando a entender mejor. En resumen: deje de vivir con miedo a las bacterias y no se lave tanto las manos. Unas cuantas bacterias no lo van a matar; al contrario, lo harán más fuerte.

En varios países se acostumbra dejar las carnes hasta seis semanas en refrigeradores a baja temperatura. Esto hace que la carne se descomponga un poco, mejora el sabor, y hasta mejora la salud. Pero ojo: estas carnes es ideal comerlas casi crudas, cocinándolas lo mínimo posible.

El ajo es un tóxico fuerte que hasta llega a atravesar la barrera del cerebro. Debe consumirse solo como medicina o remedio puntual. Si consume ajo seguido y no anda bien de salud, haga la prueba de dejar de comerlo.

Si es usted madre, dele pecho a sus hijos lo más posible y por el mayor tiempo posible: dos, tres, incluso cuatro o cinco años es normal. La leche materna es, sobre todo, grasa.

Nunca tome líquidos con las comidas; la única excepción es el vino. Acostúmbrese a tomar un poco de vino rojo con las comidas fuertes.

Tómese una cerveza en vez de una gaseosa. Las gaseosas contienen azúcar de maíz, que es tóxica.

No consuma ninguna comida que lleve azúcar de maíz. Es un tóxico que le ponen a casi toda la comida procesada. Lo más fácil es casi no comer, o mejor no comer nunca, comida procesada: papas fritas, helados, jugos envasados, etc. Lea bien la etiqueta y edúquese, porque esta azúcar ya tiene varios nombres distintos, para que no la reconozcamos.

Olvídese de las gaseosas: tome jugo de fruta, té, café, coladas y agua. Las gaseosas están hechas con "agua muerta", sin ningún valor: casi todas se hacen con azúcar de maíz, un tóxico que causa adicción. Además, tienen un pH muy bajo, y para compensarlo el cuerpo necesita tomar hasta 40 veces esa cantidad de agua con pH neutral. Tómese una de vez en cuando, un par de veces al año, y nada más. El cáncer solo se desarrolla en un ambiente de pH bajo.

El café es un estimulante que no hace falta y que causa varios problemas de salud. Si toma más de tres tazas por semana, se está buscando un problema. Hay estudios que dicen que el café es saludable, pero no aclaran que, como todo en exceso —es decir, tomarlo todos los días—, es malo. El café obliga a las glándulas renales a trabajar de más, lo cual las va desgastando con el tiempo. Lo mejor es no acostumbrarse a tomar café ni té todos los días. Si su cuerpo le pide café, es porque ya anda mal. Si lo toma solo por gusto, disfrútelo.

Y ahora que sabe lo del cortisol, ya tiene la razón de fondo. El peor momento posible para el café es justo al despertar, porque lo está usted apilando encima de un estimulante que su propio cuerpo acaba de fabricar. Cortisol sobre cortisol, y ambos sobre un estómago vacío. Eso es exactamente lo que desgasta las glándulas de las que le hablé. Si aun así va a tomarlo —y sé que muchos lo van a hacer—, al menos que no sea lo primero: deje pasar esa primera hora, tome su agua con sal, coma algo, y tómelo después. No es lo ideal; lo ideal es lo que le dije arriba. Pero es mucho mejor que empezar el día apilando estimulantes sobre un estómago vacío.

No use azúcar blanca. Use miel de abeja u otra azúcar pura y orgánica. El exceso de azúcar hace que en el intestino crezcan de más las bacterias incorrectas, que le quitan el lugar a las correctas. Para darse una idea de lo importante que son las bacterias correctas: estamos hechos de unos 11 billones de células, y 10 billones de ellas están en los intestinos. Por eso es tan importante consumir poca azúcar; lo ideal es cero azúcar. Y si tiene algún problema de salud, evite la azúcar por un buen tiempo.

Gaste un poco más y compre productos orgánicos. Poco a poco nos vamos dañando con los pesticidas, los alimentos genéticamente modificados, y las hormonas y vacunas que llevan la mayoría de las carnes no orgánicas.

Nunca use ollas de aluminio. El aluminio nunca debe usarse con nada relacionado con la comida. Use ollas de acero inoxidable o de barro, y nunca papel de aluminio.

Nunca use aceites que no sean vírgenes. En la mayoría de los casos, el único que sirve es el aceite de oliva extra virgen, crudo o cocinado a temperatura baja, sobre todo con tomate. El aceite de coco también es muy bueno, y sí sirve para cocinar. Fuera de estos dos, olvídese de casi todos los demás aceites: son tóxicos y muy dañinos. La mayoría de los aceites están a solo un paso, a nivel molecular, de ser plástico. Cuando las células se reproducen usando este aceite tipo plástico para formar nuevas células, esas células ya no conducen bien la electricidad, y eso causa desde falta de energía hasta envejecimiento, cáncer y muerte. Usted se va matando poco a poco cada vez que consume cualquier aceite que no sea uno de los dos ya mencionados. Hasta la manteca de cerdo es mucho más saludable que los aceites vegetales comunes del mercado. De hecho, una dieta con mucha grasa animal es muy saludable.

Los beneficios comprobados del aceite de coco extra virgen: está comprobado que es el aceite de cocina más saludable del mundo. Sobre la calidad: la mejor no se hace con coco seco o tostado, sino con un método de centrífuga. El aceite no debe oler a coco tostado, sino a coco crudo o apenas dulce; al cocinar, debe soltar solo un ligero aroma a coco, sin dominar el sabor de la comida.

Estos son algunos de sus beneficios. Primero, combina ácidos grasos con poder medicinal. Antes se pensaba que era una grasa mala, por ser de las más saturadas que existen —casi el 90% de sus ácidos grasos es grasa saturada—. Esa idea estaba completamente equivocada: la ciencia ha demostrado que las grasas saturadas sin refinar no tapan las arterias. De hecho, las grasas saturadas sin refinar —como el aceite de coco extra virgen prensado en crudo, el aceite de oliva extra virgen o la mantequilla clarificada— están entre las más sanas que hay. El aceite de coco tiene ácidos grasos de cadena media, distintos de los de cadena larga que tienen la mayoría de las grasas: estos se metabolizan distinto, van directo al hígado y se convierten en energía inmediata (unas moléculas llamadas cuerpos cetónicos), lo cual también ayuda en problemas cerebrales como la epilepsia y el Alzheimer. Este aceite lo pueden consumir incluso personas con hígado graso. Además, ayuda a absorber nutrientes esenciales, previene la diabetes gestacional, y aporta antioxidantes que combaten los radicales libres que causan enfermedades degenerativas.

Segundo, ayuda a bajar de peso de forma saludable. Mucha gente piensa que para bajar de peso hay que contar calorías, pero otros bajan de peso comiendo grasa, como el aceite de coco: no todas las calorías son iguales, y cada alimento afecta al cuerpo de forma distinta. El aceite de coco aumenta el gasto de energía del cuerpo en un 5%, es decir, unas 120 calorías diarias. En un estudio con 40 mujeres con obesidad abdominal, tomar 30 ml de aceite de coco extra virgen al día redujo su cintura en un 15% en 12 semanas. En otro estudio, 20 hombres obesos redujeron su cintura un promedio de 3 cm en 4 semanas tomando la misma dosis.

Tercero, combate bacterias, virus y hongos. La mitad de sus ácidos grasos es ácido láurico, que al digerirse forma una sustancia llamada monolaurina. Ambos matan bacterias y hongos dañinos, como el estafilococo dorado y la cándida. Además, ayuda a controlar bacterias malas, parásitos y hongos que causan problemas digestivos, como el intestino irritable, y combate infecciones urinarias y por hongos.

Cuarto, ayuda a prevenir la ansiedad y el hambre nerviosa: al metabolizarse, produce cuerpos cetónicos que reducen el apetito, y estabiliza los niveles de azúcar en la sangre, lo cual también calma la ansiedad. Además, libera una hormona que da una sensación de estar satisfecho por más tiempo después de comer.

Quinto, ayuda a bajar el colesterol "malo" y mejora la salud del corazón: varios estudios muestran que reduce las lipoproteínas de baja densidad, conocidas como colesterol malo.

Y sexto, tiene muchos usos de belleza: es una excelente mascarilla para el cabello dañado, un buen desmaquillante, y por sus propiedades antibacterianas se puede usar como desodorante o crema de afeitar. Usado a diario en el vientre durante el embarazo, previene las estrías. Suaviza los pies y ayuda a broncearse sin quemarse tanto.

Y séptimo, sirve para mucho más que cocinar: es un excelente lubricante para la piel y hasta ahuyenta a las garrapatas y otros insectos, que evitan la piel untada con aceite de coco. También ayuda a sanar heridas y quemaduras leves, y sirve como aceite para dar masajes.

El agua de coco es casi idéntica al plasma de la sangre. Es tan compatible con nuestra sangre que, en la Segunda Guerra Mundial y en la guerra de Vietnam, los médicos la pusieron directo en la vena, como suero, cuando no tenían suero de laboratorio. Es rica en potasio y baja en sodio, así que hidrata mejor que cualquier bebida deportiva, y sin el azúcar de maíz ni los tóxicos que llevan esas bebidas. Además aporta minerales, aminoácidos, antioxidantes y unas hormonas vegetales llamadas citoquininas, a las que se les atribuye un efecto antienvejecimiento.

Tome el agua de coco lo más fresca posible. La mejor es la del coco recién abierto. La que venden en caja o en lata suele estar pasteurizada, y ese calor destruye buena parte de lo bueno que tiene. Un truco: dejarla fermentar un poco en la refrigeradora mejora el sabor, porque le baja el dulce.

¿Por qué le tienen miedo al aceite de coco? Porque en los años 80 hubo una gran campaña en su contra, la misma que atacó a todas las grasas saturadas. Fue un engaño parecido al del colesterol (vea las fuentes al final). Tan lejos llegó que en 1986 hasta quemaron plantaciones de coco en Filipinas. Hoy la ciencia le da la razón al coco: es una de las grasas más sanas que existen, y una de las mejores para reemplazar los aceites de semilla —tóxicos— que están en más de la mitad de la comida procesada.

Aceite de oliva extra virgen: el otro aceite que sí sirve. En todo el Mediterráneo, durante miles de años, el aceite de oliva se usó tanto de medicina como de comida; Hipócrates lo llamaba “el gran sanador”. A diferencia de los aceites de semilla, que se sacan con solventes industriales y luego se refinan, el aceite de oliva se hace solo moliendo las aceitunas y prensando o centrifugando la pasta, sin químicos. Cerca del 70% de su grasa es ácido oleico, una grasa monoinsaturada mucho más estable que las de los aceites de semilla, que se oxidan —se ponen rancios— mucho más rápido.

Lo que de verdad vale es el 2%. Los aceites que dicen solo “aceite de oliva”, “puro” o “light” son en su mayoría aceite refinado: tienen casi el mismo ácido oleico, pero les falta el otro 2% del aceite, una mezcla de más de cien compuestos que la refinación destruye y a los que la investigación les atribuye la mayor parte de los beneficios. Los más importantes son los polifenoles, antioxidantes naturales; entre ellos, el hidroxitirosol y el oleocantal. Tan claro es su efecto que en 2012 la Unión Europea aprobó que se diga que los polifenoles del aceite de oliva protegen de la oxidación a las grasas de la sangre, pero solo en aceites con al menos 5 mg de hidroxitirosol y compuestos afines por cada 20 gramos de aceite (más o menos cucharada y media, la cantidad diaria que fija la norma).

Un antiinflamatorio que se siente en la garganta. El oleocantal se descubrió por el gusto. En 1999, el investigador Gary Beauchamp, que llevaba meses tragando ibuprofeno para un estudio, probó aceite recién prensado y reconoció el mismo ardor al fondo de la garganta. Su equipo encontró que el oleocantal frena las mismas enzimas que el ibuprofeno (la COX-1 y la COX-2); en el laboratorio, a la misma concentración, bloqueó entre el 41% y el 57% de su actividad, contra un 13-18% del ibuprofeno. Cincuenta gramos de aceite fresco al día dan apenas un 10% de la dosis de ibuprofeno para el dolor, pero es una dosis pequeña, natural y de todos los días, mientras que tomar esas pastillas seguido daña la pared del intestino. Y untado en la rodilla, en un pequeño ensayo, el aceite de oliva calmó el dolor de la artrosis mejor que un gel antiinflamatorio de farmacia.

Pruébelo: si pica, sirve. Entre más pica en la garganta, más oleocantal tiene. En el Mediterráneo califican los mejores aceites como de “una tos” o de “dos toses” —el de dos es el mejor—, y un aceite que no pica nada probablemente tiene muy poco. Eso sí, no todos sentimos el picor igual: el mismo aceite que a uno apenas le cosquillea, a otro lo hace toser.

Lo que muestran los estudios. En un ensayo español con 7.447 personas de alto riesgo cardiovascular, quienes siguieron una dieta mediterránea con aceite de oliva extra virgen tuvieron cerca de un 30% menos de infartos, derrames cerebrales y muertes cardiovasculares que quienes recibieron el consejo de comer bajo en grasa. Fíjese en quién perdió: la dieta baja en grasa. En ese mismo ensayo, los del aceite tuvieron un 40% menos de diabetes y un 38% menos de fibrilación auricular, y las mujeres tuvieron cáncer de mama cerca de tres veces menos que las del grupo bajo en grasa. Y no fue una cucharadita: a los participantes les daban un litro de aceite extra virgen por semana.

En el cerebro y contra el cáncer. En el laboratorio, el oleocantal alteró la formación de los ovillos de proteína tau que ahogan a las neuronas en el Alzheimer. En un ensayo de seis meses con adultos con deterioro cognitivo leve, un aceite extra virgen alto en polifenoles mejoró la barrera hematoencefálica (el filtro que protege al cerebro) y la conexión entre las distintas partes del cerebro; el aceite refinado no lo logró. (Vea el capítulo 20.) Y también en el laboratorio, el oleocantal mató células de cáncer de páncreas, de mama y de próstata en apenas 30 minutos, rompiéndoles los lisosomas, sin dañar a las células sanas.

Cuidado con lo que compra. Dos botellas que dicen legalmente “extra virgen” pueden tener una más de diez veces los polifenoles de la otra: van desde unos 50 hasta unos 800 mg por kilo, según la variedad de aceituna, dónde se cultivó, qué tan madura estaba y cómo se molió. Los más medicinales suelen ser los de cosecha temprana, de sabor fuerte y picante. Además, el aceite de oliva es uno de los alimentos que más se falsifican, y desde la antigüedad: cuando la Universidad de California en Davis analizó aceites “extra virgen” importados que se vendían en California, el 69% no pasó la prueba. Pero hoy el problema más grande es otro: aceite verdadero que ya está viejo o rancio antes de llegar a la tienda, porque los polifenoles se pierden con el tiempo, el calor y la luz. Compre el aceite más fresco que encuentre, que pique, y guárdelo lejos del calor y de la luz.

Coma mucha grasa saturada, sobre todo si su tipo de sangre es O o B. Si tuviera que recomendar una dieta, la ideal sería una en la que un 70-80% de las calorías vengan de grasa animal: la dieta perfecta para el cuerpo humano es, sobre todo, grasa. Eso de que el colesterol alto es malo es una mentira. Haga la prueba: pásese unos días o semanas comiendo mayormente grasa, y verá que su salud mejora mucho; algunas personas notan la mejora en pocas horas. Qué ironía que nos hayan mentido tanto. Por ejemplo, un buen desayuno sería: bastante mantequilla, de 2 a 8 huevos, un aguacate, de 4 a 10 cucharadas de aceite de oliva extra virgen, un buen pedazo de queso y un chorizo bien grasoso, con una porción pequeña de pan o de arroz —o mejor, sin ninguno de los dos—. Quien coma bastante grasa saludable todos los días, y deje de comer todo lo demás, vivirá una vida larga y sana.

Las personas con tipo de sangre O o B deben comer más grasa y menos carbohidratos. Los hombres, en general, pueden comer más grasa que las mujeres.

Las personas con tipo de sangre A o AB deben comer menos grasa y más carbohidratos.

El colesterol no es el enemigo. Le han hecho creer que el colesterol tapa las arterias y causa los infartos. Es mentira. El colesterol es indispensable: con él el cuerpo fabrica las hormonas, y el cerebro lo necesita para pensar y recordar (por eso las personas que toman pastillas para bajarlo pierden memoria). No hay ninguna relación clara entre el colesterol y las enfermedades del corazón. Al revés: tenerlo bajo es peligroso. En un estudio de más de 9000 personas, por cada 30 puntos que bajaba el colesterol, el riesgo de morir subía un 22%. Y cambiar la grasa animal por aceites vegetales subió el riesgo de morir casi un 18%.

De dónde salió el mito. En los años 60 y 70 hubo dos bandos: uno, con John Yudkin, culpaba al azúcar; el otro, con Ancel Keys, culpaba a la grasa saturada y al colesterol. Ganó Keys, pero con trampa: escogió a dedo los países que le convenían para su famoso estudio. Con otros países, el resultado habría sido el contrario. Además, años después se descubrió que la industria del azúcar pagó a científicos para echarle la culpa a la grasa. El engaño se volvió “ciencia oficial”, y así sigue.

Qué causa de verdad los infartos. No es el colesterol: es el daño a la pared de los vasos sanguíneos. Cuando esa pared se lastima —por inflamación, estrés fuerte, cigarrillo, humo y contaminación, y sobre todo por el plomo—, el cuerpo la repara con coágulos, y esos coágulos, repetidos una y otra vez, forman la placa. El colesterol que se encuentra en la placa es material de reparación, no la causa. Un dato revelador: los infartos se dispararon en la época en que se usó gasolina con plomo. A esto súmele los aceites de semilla y el azúcar, que también dañan los vasos.

Las estatinas hacen más daño que bien. Las estatinas (las pastillas para bajar el colesterol) las toma más de un tercio de los adultos mayores de 40 años, y dañan a entre el 5% y el 30% de quienes las usan: dolores musculares, cansancio, diabetes, y hasta pérdida de memoria y demencia. Bloquean el colesterol, sí, pero también la CoQ10, que es la que da energía a las células y protege el corazón. ¿Y el beneficio? Tomarlas cinco años alarga la vida, en promedio, unos 3 o 4 días… y solo en los hombres. Todo lo demás es propaganda, con datos maquillados por la propia industria. Si por alguna razón tiene que tomar una estatina, tome también CoQ10.

Lo nuevo de 2026. En 2026 salieron dos estudios grandes, pagados por gobiernos y fundaciones, no por la industria. En Francia, a personas de 75 años o más que tomaban estatinas sin haber tenido nunca un infarto ni un derrame, se les quitó la pastilla a la mitad: a los tres años no murió más gente entre los que la dejaron (7,2%) que entre los que siguieron tomándola (7,9%). Los propios investigadores escribieron en el protocolo publicado del estudio que a esa edad no existía ningún estudio controlado que demostrara el beneficio. En Australia, a casi 10.000 personas de 70 años o más les dieron estatina o placebo durante unos seis años: tuvieron un 30% menos de infartos y derrames, eso sí, pero no ganaron años libres de discapacidad ni de demencia, y tuvieron más problemas de músculos, de hígado y de diabetes. Si usted tiene más de 75 años y toma una estatina sin haber tenido nunca un infarto ni un derrame, lleve estos estudios a su médico y decidan juntos. Si ya tuvo un infarto o un derrame, estos estudios no hablan de su caso: no deje la pastilla por su cuenta.

Para cuidar el corazón. Olvídese del número del colesterol y cuide sus vasos sanguíneos: no fume, evite el humo y la contaminación, huya del plomo y del estrés crónico, y saque de su dieta los aceites de semilla y el azúcar. Coma grasa saturada sin miedo, tome sus minerales (sobre todo magnesio) y sol (que libera óxido nítrico y abre los vasos). Eso es lo que de verdad protege el corazón.

La presión alta: otro gran engaño. Con la presión pasa lo mismo que con el colesterol. Le tratan la presión alta como si fuera la enfermedad, pero casi siempre no es la causa, sino un remedio del propio cuerpo: cuando la sangre no circula bien, el cuerpo sube la presión para empujarla y que llegue a todos lados. Encima, la medición es muy poco confiable: varía unos 14 puntos de una toma a otra, y se calcula que a 1 de cada 4 personas les dicen que tienen presión alta sin tenerla (muchas veces solo son nervios en el consultorio). Y para colmo, con los años fueron bajando el límite —de 160 a 140 y luego a 130— para vender más pastillas: hoy casi la mitad de los adultos, y más del 80% de los ancianos, quedan marcados como “hipertensos”.

Qué causa de verdad la presión alta. En el 90-95% de los casos, la medicina admite que no sabe la causa. Lo que de verdad suele pasar es que la sangre se “enloda”: las células se pegan (baja el potencial zeta, como vimos), y el cuerpo sube la presión para poder moverla. A eso se suman los vasos endurecidos, los riñones que no reciben suficiente sangre (y entonces mandan una señal que sube la presión), el dormir mal y, sobre todo, la ansiedad, que es de las causas más ignoradas. En otras palabras: la presión alta suele ser el parche, no el hueco.

La sal no es la culpable. Bajar mucho la sal apenas mueve la presión: la mejor revisión del tema encontró que una reducción drástica de sal baja la presión menos del 1%. Y comer poca sal es peligroso: la meta de sal “baja” que recomiendan sube el riesgo de morir un 25%. Si algo hace daño, es el aluminio que le ponen a la sal procesada como antihumedad —que no tiene la sal de mar—, no la sal en sí. Así que ya sabe: sal de mar, y sin miedo.

Las pastillas para la presión. El gran estudio de 1973, con más de 17.000 personas, mostró que tratar la presión moderadamente alta no hizo casi ninguna diferencia en los infartos ni en cuánta gente moría; apenas evitó unos pocos derrames (algo así como un derrame evitado por cada 900 años de tratamiento). Cada tipo de pastilla tiene su cobro: los diuréticos le sacan el potasio y suben la gota y la diabetes; los betabloqueantes dan cansancio, depresión e impotencia; los que bloquean el calcio hinchan las piernas; y los llamados IECA dan tos crónica y dañan el riñón. Y bajar demasiado la presión también hace daño: causa desmayos y caídas (en los ancianos, hasta el doble de caídas graves) y le quita sangre al cerebro, lo que acelera la pérdida de memoria.

Cómo bajar la presión de forma natural. En vez de perseguir el número, arregle la causa: duerma bien, calme la ansiedad y el estrés, y muévase (estar quieto también “enloda” la sangre). Tome potasio y magnesio, que suben el potencial zeta. Camine descalzo sobre la tierra: en un estudio, eso bajó la presión un 14% en promedio. Y tome sol, que libera óxido nítrico y abre los vasos. Eso es tratar la raíz, no tapar el aviso.

El estudio grande que casi nadie le va a mencionar. En 2014 la revista New England Journal of Medicine publicó el estudio PURE: más de cien mil personas en dieciocho países. Lo que encontró no fue una línea recta sino una curva en U. La mortalidad más baja estaba en el medio —alrededor de tres a cinco gramos de sodio al día— y subía en los dos extremos: con mucha sal, sí, pero también con poca. Le debo decir que este estudio se discute mucho y tiene críticos serios; por eso le dejo el enlace para que lo mire usted mismo: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa1311889

Donde más insisten en quitarle la sal es justo donde menos sirve. En 2022 The Lancet publicó el ensayo SODIUM-HF: 806 pacientes con insuficiencia cardíaca, seguidos un año, bajando la sal por debajo de 1.500 mg diarios. No bajaron las muertes ni los ingresos al hospital. Le menciono este precisamente porque la insuficiencia cardíaca es donde con más fuerza se le prohíbe la sal al paciente: https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0140673622003695

No es cuánta sal, es con qué la acompaña. Y aquí está, para mí, lo más importante de todo este asunto. En 2021, otro estudio del New England Journal of Medicine siguió a 20.995 personas en 600 pueblos de China durante cinco años. Lo único que cambiaron fue la sal: en vez de sal común, una mezcla de 75% de sal y 25% de cloruro de potasio. El resultado: 14% menos derrames cerebrales, 13% menos eventos cardíacos graves y 12% menos muertes. Nada más por cambiar el salero: https://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMoa2105675

Fíjese que es la misma lección de siempre. Es exactamente la misma historia que le conté con el calcio y el magnesio. El problema no era el sodio por sí solo; era la proporción con su contraparte, el potasio. Dos parejas distintas, una sola idea: el cuerpo no trabaja con minerales sueltos, trabaja con equilibrios. Cuando algo le haga daño, antes de quitarlo pregúntese qué le falta al otro lado de la balanza.

⚠ Pero ojo con el potasio, que esto sí es serio. El potasio no es inofensivo y tengo que ser muy claro aquí, porque más arriba en este mismo capítulo le recomiendo potasio iónico para las palpitaciones. Si los riñones no eliminan bien el potasio, éste se acumula, y el potasio alto en la sangre puede parar el corazón. Las guías británicas del NICE desaconsejan las sales con cloruro de potasio en personas con enfermedad renal, con diabetes, embarazadas, personas mayores, y en cualquiera que tome inhibidores de la ECA, ARA-II o diuréticos ahorradores de potasio como la espironolactona. Si usted está en alguno de esos grupos —o simplemente no lo sabe— hágase un análisis de sangre y hable con su médico antes de cambiar nada. Esto no es una recomendación que se pueda seguir a ciegas.

Y al revés: la sal baja hace daño de verdad. La falta de sodio en la sangre (hiponatremia) es común en los hospitales y se asocia con peores resultados: más confusión, más caídas, más fracturas en gente mayor. También hay trabajos que encuentran resistencia a la insulina con dietas bajas en sal. Reúne todo esto A Midwestern Doctor, con las referencias, aquí: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-hidden-secrets-of-salt

Coma solo comida fresca, no empaquetada, y de preferencia nunca congelada.

No acostumbre a tomar vitaminas baratas. Muchas veces son la causa de enfermedades, porque llevan colorantes, compuestos poco ideales y aditivos poco saludables. Si va a tomar vitaminas, elija las derivadas de plantas, aunque cuesten más caro (hay pocas excepciones). Tome bastante sal de mar: contiene más de 84 minerales. Si cree que le falta algún mineral o vitamina, busque un alimento que lo tenga de forma natural y consúmalo. Las excepciones son los productos minerales en forma iónica de rnareset.com y sus vitaminas.

Acostúmbrese a comer más simple: lo ideal es un solo plato a la vez, o al menos combinar menos comida junta. Coma siempre lo más fuerte primero. Las sopas deben comerse solas, o como segundo plato, nunca como primero, porque el agua diluye demasiado los ácidos del estómago, que conviene tener bien concentrados para el plato más fuerte, sobre todo si es proteína. Por esto conviene tomar poco líquido con las comidas.

Un suplemento excelente y muy económico son las algas marinas llamadas espirulina. Se pueden comprar en aliexpress.com.

Acostúmbrese a comer más variedad de alimentos. Expanda su imaginación un poco cada día. Le cuento un secreto: el gusto por una comida se adquiere, y eso toma tiempo. Coma nueces de todo tipo, frutas secas, quesos variados, comidas fermentadas. Pero no ignore si su salud aún no mejora, aunque siga una dieta de solo grasa y carne.

Póngale ají a sus comidas: estimula los intestinos y mata parásitos.

Cambie el arroz blanco por arroz integral. Hay muchos tipos de arroz, pruebe otros. Ojo: el arroz es pura azúcar. Lo mejor es olvidarse del arroz por completo, aunque sea usted de un país donde se come mucho arroz.

Cambie el pan blanco por pan integral de varios granos. El pan blanco y el arroz blanco tienden a tapar el intestino, por falta de fibra y enzimas. Recuerde que el trigo que se vende hoy contiene un tóxico: el trigo también es pura azúcar. Lo mejor es no comer nada con trigo, pero si insiste, elija al menos el integral. Muchos panes del mercado, además, llevan una larga lista de preservantes, aún peores que el trigo: la combinación de trigo y preservantes es muy dañina. Tómese el tiempo de leer las etiquetas.

En vez de freír, use el horno, cocine al vapor, en salsa, o mejor aún, ahúmelo. Hay miles de formas de preparar la comida: expanda su conocimiento. Y si fríe, use grasa animal o aceite de coco.

Cómase toda la grasa de las carnes. Botar la grasa es un gran error: está botando lo más valioso de la carne.

Cocine a la temperatura más baja posible: es mejor cocinar las carnes por más tiempo, pero a baja temperatura.

Si le gustan los postres, cómalos solos, sin mezclarlos con otra comida, y siempre después de haber tomado agua primero. No olvide que el azúcar es la raíz de muchísimas enfermedades.

Lo ideal, al comer carne, es comerla sola: "solo carne". Coma toda la que quiera, pero idealmente sola, o con otros productos animales como queso y huevo.

Pruebe las carnes ahumadas sin cocinar: son exquisitas y mantienen todas sus enzimas. Acostúmbrese a comer crudo: entre más crudo, mejor.

Aprenda a preparar y comer mariscos crudos.

Cómprese un buen libro de comidas vegetarianas. Aprenda a preparar platos crudos, como ceviches, ensaladas, salsas, postres y otras mezclas de alimentos crudos. Pero no olvide que los vegetales también son un tipo de azúcar.

Comience el día solo con frutas. Póngase la meta de comer solo frutas durante la mitad del día. De nuevo, recuerde que la fruta es azúcar, y que la azúcar no es necesaria ni buena para la salud.

Aprenda a comer cada vez que tenga hambre, sin esperar la hora de comer. Acostúmbrese a comer poco, varias veces al día, pero solo cuando tenga hambre. Con el tiempo, vaya acostumbrándose a comer una sola vez al día, en vez de varias.

Acostúmbrese a llevar siempre consigo agua con sal y comida sana: frutas frescas o secas, nueces, pasas. Así nunca pasará hambre, y le será mucho más fácil decir "no, gracias". Eso sí, controle las cantidades para no pasarse con el azúcar: por ejemplo, las pasas tienen bastante.

Coma hasta saciarse. Al contrario de lo que se cree, uno debe comer hasta saciarse —pero esto aplica solo a las comidas crudas, y en pocos casos a algunas cocinadas, sobre todo las que llevan pocos condimentos—. Esto también aplica solo cuando se come un tipo de comida a la vez: por ejemplo, una fruta o unas nueces. Coma la cantidad que quiera, sin pena ni miedo a que le haga daño; coma hasta llenarse, porque el cuerpo sabe cuándo parar. Puede repetir esto cuantas veces le den ganas, todos los días, por semanas, meses e incluso años. Así es como el cuerpo se cura solo, porque sabe lo que necesita comer —siempre que sea comida cruda y sin condimentos, como frutas, verduras, nueces y carnes crudas—. Si no es el caso, pare de comer cuando esté un 80% lleno: la comida cocinada no nos avisa cuándo parar, así que ahí hay que usar el sentido común. Solo con comida cruda el cuerpo nos avisa solo.

Aprenda a relacionarse con la comida. Pregúntese si su cuerpo de verdad quiere comer lo que tiene enfrente. ¿Por qué lo quiere comer? ¿Por su color, su olor, su sabor? ¿Tiene hambre y no hay otra opción? ¿Lo come porque otros lo están comiendo? ¿Le da pena decir "no, gracias"? Si se acostumbra a llevar consigo otra comida, siempre tendrá otra opción.

Si sufre de mal genio, ira, codicia, envidia, celos, odio, deseos de venganza, rencor o lujuria, no coma carne de cerdo. Según esta creencia, los cerdos son almas que ya no pueden volver como humanos, y se les da una oportunidad como animal —las más corruptas—. Qué pena que tengan tan buen sabor. Si no tiene ninguno de esos problemas emocionales, la carne de cerdo es una excelente comida, y hasta se puede vivir muy bien comiendo solo eso. Una dieta de puras carnes puede ser una forma de curarse de algunas enfermedades.

Aprender a controlarse es uno de los primeros pasos hacia la superación personal. De vez en cuando, simplemente no coma algo que se le antoje. Esto le sirve para entrenarse: para aprender que es usted —su ser, su alma— quien manda, no su mente ni su estómago. Inténtelo: de vez en cuando, no coma algo por simple capricho, para recordar que usted manda, no su mente ni su estómago. Con el tiempo, esto le ayudará a entrenar la mente. Después de un tiempo, ya no será su mente la que lo controle como a un títere, sino usted quien esté en control. La mente es como un niño malcriado al que nunca le pusieron límites: igual que a un niño, con el tiempo se le puede enseñar a comportarse.

Por último, le repito: coma mucha sal, sal y sal, de mar por supuesto. Eso de que la sal sube la presión o causa colesterol es una gran mentira, sin base científica: no existe ningún estudio que pruebe que la sal de mar cause algún tipo de enfermedad. La verdad es todo lo contrario: la sal de mar cura muchísimas enfermedades, entre ellas el envejecimiento. Y es barata: contiene todos los minerales que necesitamos.

Comer poca sal es peligroso. Le han hecho creer que la sal mata, pero es al revés: la meta de sal “baja” que recomiendan sube el riesgo de morir un 25% y aumenta las enfermedades del corazón un 34%. La falta de sodio (los médicos la llaman hiponatremia) es tan común que la tienen entre el 15% y el 20% de los pacientes de hospital, y causa cansancio, confusión, falta de concentración, palpitaciones y mareos. Muchos casos de fatiga crónica, de arritmias y de esa condición en que uno se marea al pararse (POTS) se arreglan con solo comer más sal.

La sal hace funcionar el cuerpo. El sodio mantiene el volumen y la circulación de la sangre —con poca sal, la presión cae como en un choque—; ayuda a las glándulas suprarrenales; y es necesario para producir el ácido del estómago (vea el capítulo de cómo funcionan sus células). Por eso, cuando a alguien le falta sal, todo el cuerpo anda mal. Eso sí: ni muy poca ni demasiada; hoy el problema de casi todos es que comen muy poca sal de verdad.

Acompañe la sal con potasio. El sodio y el potasio trabajan en pareja. La comida moderna nos quitó el potasio (que está en las verduras) y nos llenó de sal mala en los productos procesados. Coma verduras para el potasio y sal de mar para el sodio, y tendrá el equilibrio correcto.

Cuál sal usar. Use solo sal sin refinar: sal de mar, sal celta, sal del Himalaya o sal de roca. La sal blanca de mesa está despojada de sus minerales y trae químicos antihumedad; huya de ella. Una buena forma de tomarla es un poco de sal disuelta en agua, a sorbos durante el día.

Lavados intestinales: este tema es simple. Si no va al baño al menos una vez al día, tiene un problema. Si va solo 2 o 3 veces por semana, tiene un problema grave. Primero haga todo lo que ya mencioné, y luego edúquese sobre cómo lavarse el intestino: en muchos casos es imprescindible, porque el intestino puede estar muy tapado, ya sea que la persona esté delgada o con sobrepeso. Un lavado de intestino no se hace con solo un litro de agua, sino con unos 20 litros en total: se inserta el máximo que se pueda aguantar, se evacua, y se repite varias veces, hasta quedar limpio —igual que cuando uno se enjuaga bien la boca—. El agua debe estar muy limpia: nada de agua del grifo, hervida por al menos diez minutos, sin cloro ni flúor. Con café es ideal, porque hace que el hígado expulse tóxicos: el equivalente a unas tres tazas de café es suficiente para veinte litros de agua bien limpia.

Vaya al baño en cuclillas. El inodoro moderno, en el que uno se sienta, aprieta el intestino y hace difícil evacuar. El cuerpo está hecho para hacer del baño en cuclillas (de pocito), como siempre se hizo. Ponga un banquito bajo los pies para levantar las rodillas: verá lo fácil que sale todo.

No aguante las ganas. Cuando el cuerpo avisa, vaya. Si deja pasar el aviso, muchas veces las ganas se van y ahí empieza el estreñimiento. El mejor momento suele ser temprano en la mañana, entre las 5 y las 7. Acostúmbrese a ir todos los días a esa hora.

Contra el estreñimiento. Lo primero es magnesio y potasio, que casi siempre faltan; el magnesio se puede subir hasta que ablande el excremento. Ayudan también tomar bastante agua con sal, moverse (estar quieto estriñe), la vitamina C, la chía remojada y el jugo de ciruela pasa. Ojo con algunas comidas que tapan: la manzana, el banano, el arroz y el pan blanco. Y evite el abuso de laxantes, que a la larga dañan el intestino.

El estreñimiento no es cosa menor. Estar tapado no solo es incómodo: desbalancea las bacterias del intestino y se ha relacionado con hemorroides, dolores de cabeza, cansancio, y hasta con problemas más serios. Ir bien al baño todos los días es una de las señales más simples de buena salud.

Aproveche cada oportunidad para tomar sol, si puede al desnudo. El cuerpo humano necesita mucho sol: es indispensable para la salud, y no solo en algunas partes, sino en todo el cuerpo. De 30 a 60 minutos al día es ideal. Las mejores horas son entre las 12 y las 2, cuando los rayos del sol producen vitamina D3. Cuidado, porque el sol sí quema, sobre todo si no está acostumbrado; en ese caso, no pase de 30 minutos. No se bañe en las 24 horas después de tomar sol, para darle tiempo a la vitamina D3 de penetrar en la piel.

Deje que el sol le dé también en los ojos. Los ojos son una de las puertas por donde la luz alimenta el cuerpo, y regulan glándulas importantes como la pituitaria y la pineal. Por eso no use lentes de sol, y a ratos ponga la cara hacia el sol con los ojos cerrados (nunca lo mire directo con los ojos abiertos). Ojo: el vidrio común y los lentes normales bloquean la luz ultravioleta, así que tomar sol detrás de una ventana casi no sirve.

No use bloqueador solar; acostumbre la piel poco a poco. El bloqueador es tóxico y le tapa al cuerpo lo bueno del sol. En vez de eso, vaya subiendo el tiempo al sol de a poco, hasta formar una especie de “callo solar” (un bronceado que lo protege). Si se quema con facilidad, casi siempre es por dentro: por comer aceites de semilla y por tener bajo el potencial zeta; si arregla eso, aguanta mucho mejor el sol. Y recuerde que el sol hace mucho más que vitamina D: sube el potencial zeta y deshace microcoágulos, libera óxido nítrico que baja la presión, mejora el sueño y el ánimo, y reduce a la mitad el riesgo de varios cánceres. Ya en 1918 se usaba el sol para curar la gripe y la tuberculosis. Evitar el sol es tan peligroso como fumar.

Respire bien. Es sorprendente que la mayoría de nosotros no respiremos bien: a menudo respiramos muy poco, y algunos respiramos por la boca en vez de por la nariz, que es lo que llena los pulmones de oxígeno antes de soltar el aire despacio por la boca. La forma correcta de respirar es llenando el estómago, como hacen los bebés, y no solo el pecho. Fíjese si no está respirando lo suficiente, y corríjalo.

La sopa de huesos es una excelente comida, ya sea de huesos de res o de patas de cerdo o de pollo.

Para saber más (fuentes en inglés)

Para quien quiera profundizar, aquí hay artículos (en inglés) que tratan estos temas. En su mayoría son de la publicación “The Forgotten Side of Medicine” (El Lado Olvidado de la Medicina), de A Midwestern Doctor. Estos artículos, a su vez, citan muchos estudios científicos.

El mito del colesterol y los peligros de las estatinas: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-great-cholesterol-scam-and-the

La gran mentira del colesterol y los peligros de las estatinas (2026): https://www.midwesterndoctor.com/p/the-great-cholesterol-lie-and-the

Estudio australiano STAREE (estatinas en mayores de 70 años): https://www.escardio.org/news/press/press-releases/cholesterol-lowering-medication-reduces-major-cardiovascular-events-by-30-per-cent-in-older-people-without-known-cardiovascular-disease/

Estudio francés SITE (dejar las estatinas después de los 75): https://www.statnews.com/2026/08/11/stop-statins-age-75-lancet-study-suggests-safe-healthy-adults/

La importancia de ir bien al baño: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-importance-of-healthy-bowel-movements

El gran engaño de la presión alta: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-great-blood-pressure-scam

La verdad sobre la sal: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-truth-about-salt-efa

Lo que nunca nos cuentan sobre la sal: https://www.midwesterndoctor.com/p/what-they-never-tell-us-about-salt

¿Cuál es el agua más sana para beber?: https://www.midwesterndoctor.com/p/whats-the-healthiest-water-to-drink

Los secretos increíbles del coco: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-incredible-secrets-of-coconuts

Los secretos del aceite de oliva: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-remarkable-secrets-of-olive-oil

La guerra de la dermatología contra el sol: https://www.midwesterndoctor.com/p/dermatologys-disastrous-war-against

Los beneficios no apreciados de la luz natural: https://www.midwesterndoctor.com/p/the-unappreciated-benefits-of-natural

La cruzada de la dermatología contra el sol: https://www.midwesterndoctor.com/p/dermatologys-crusade-against-the

El ayuno y la sanación (la “respuesta de peligro celular”): https://www.midwesterndoctor.com/p/restoring-health-by-systemically

¿Qué hace que todas las vacunas sean peligrosas?: https://www.midwesterndoctor.com/p/what-makes-all-vaccines-so-dangerous

Referencias científicas (magnesio y minerales, en inglés)

Estas son referencias científicas de verdad —estudios revisados por otros científicos— que respaldan lo que se dice en este libro sobre el magnesio y los minerales. Varias son de acceso libre.

Estudio sobre la absorción del magnesio iónico (ReMag), de Zhan, Wallace y otros, en la revista Nutrients, 2020: el magnesio en forma iónica (picométrica) se absorbe mucho mejor: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7281967/

El papel del magnesio en la enfermedad cardiovascular (revisión, Nutrients): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC11644202/

La falta de magnesio y la enfermedad cardiovascular (revisión): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6525869/

Magnesio, estrés oxidativo, inflamación y enfermedad cardiovascular (revisión): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7598282/

Centro de Educación e Investigación sobre el Magnesio (muchos estudios revisados): https://magnesiumeducation.com/

Más referencias científicas (en inglés)

Aquí hay estudios científicos revisados por otros científicos que respaldan varias de las ideas de este capítulo. La mayoría son de acceso libre (en inglés).

El ayuno y la autofagia (limpieza celular): resumen de estudios: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10441815/

El ayuno, la autofagia y la longevidad: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC9037462/

El debate científico sobre la sal (la “curva en J”): https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/34326279/

La sal y la salud: hay que revisar las recomendaciones: https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/26806824/

El yodo y la tiroides: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4049553/

El yodo se absorbe peor cuando falta ácido en el estómago: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12922011/

La grasa saturada y el corazón: revisión de ensayos clínicos (2025): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12095860/

La grasa saturada no se asoció con enfermedad del corazón (meta-análisis): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC2824152/

Evitar el sol es un factor de riesgo de muerte (estudio sueco de 20 años): https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/24697969/

El trasplante de heces cura la infección por C. difficile: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7184446/

Los aceites de semilla (omega-6) y el corazón: la hipótesis del ácido linoleico oxidado: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC6196963/

La dieta mediterránea con aceite de oliva extra virgen y el corazón (ensayo español con 7.447 personas): https://doi.org/10.1056/NEJMoa1800389

El oleocantal, el antiinflamatorio del aceite de oliva que actúa como el ibuprofeno (revista Nature): https://www.nature.com/articles/437045a

Aceite de oliva extra virgen alto en polifenoles en el deterioro cognitivo leve (ensayo de seis meses): https://doi.org/10.3390/nu14235102

El glifosato puede alterar las bacterias del intestino: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10561581/

Los alimentos fermentados aumentan la diversidad del intestino y bajan la inflamación (estudio de Stanford): https://med.stanford.edu/news/all-news/2021/07/fermented-food-diet-increases-microbiome-diversity-lowers-inflammation.html

Los alimentos fermentados y el microbioma (revisión): https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC12220828/

Draft — not for distribution. Unapproved working manuscript. Health/medical statements are the author's own views, presented for discussion, not as established fact or medical advice. Network home: ggtrust.com.