El Arte de Vivir en Equilibrio: Sabiduría Antigua y Salud Moderna
Qué comer y qué no comer para mantener el cuerpo joven, rejuvenecer y no enfermar
La mayoría de los problemas de salud vienen de malas costumbres y de unos cuantos ingredientes dañinos. Hay que eliminarlos, o al menos reducirlos mucho, de todo lo que comemos. Unos pocos cambios simples le mejorarán bastante la salud. Si hace todos los cambios que sugiero en este libro, notará mejoras importantes en su vida y su salud.
Las necesidades de cada persona varían según su meta: bajar de peso, subir de peso, curarse de una enfermedad del sistema inmune, o simplemente vivir más años con buena salud. Cada persona tiene sus propias metas, necesidades, acceso a comida y presupuesto. Por eso la misma dieta no sirve para todos. Aun así, hay puntos que aplican a todos: reducir mucho o eliminar el azúcar; sacar de la dieta los tóxicos, como preservantes, pesticidas y todo lo artificial; comer más grasa; y tomar minerales —como el magnesio iónico, es decir, en la forma que el cuerpo absorbe mejor—, vitaminas y suplementos.
Los problemas más graves vienen de la enorme cantidad de engaños y mentiras en los medios de comunicación. Hoy en día, estas mentiras aparecen hasta en las películas: "Coma bajo en grasa y sal." "Vacune a sus hijos." "Use protector solar." Todo es un engaño malicioso. Como dice el dicho: "Una mentira dicha mil veces se convierte en una verdad." Pero, ojo, no deja de ser mentira.
Mucha gente promueve distintas dietas, pero yo no estoy de acuerdo con la mayoría de ellas. Si usted sigue unas reglas simples, tendrá buena salud, un peso adecuado y hasta se sentirá más joven. No se trata de dietas forzadas ni absurdas. Se trata de usar nuestra propia capacidad de saber qué comer, cuándo comerlo y en qué cantidad. Es decir, cambiar las malas costumbres que fuimos adquiriendo con los años por costumbres mejores.
Yo no recomiendo dietas que prohíban comidas. Solo recomiendo cambiar cuándo comemos, cuánto comemos, con qué frecuencia y con qué combinamos las comidas. Con solo cambiar esas combinaciones, uno controla mejor qué y cuánto come, casi sin darse cuenta.
Nuestro cuerpo sabe lo que debemos comer, aunque nuestra mente no tenga ni idea. La mente nos da ideas todo el tiempo, pero nosotros —que no somos la mente— somos quienes debemos decidir. Nunca debemos dejar que la mente nos controle. El secreto está en calmar la mente y dejar que el cuerpo nos guíe sobre qué y cuándo comer.
A esto hay que sumarle un poco de información técnica sobre qué comer más y qué comer menos, porque el cuerpo no tiene forma de detectar muchos de los tóxicos que hoy están en la comida.
Para empezar hoy mismo
Los olores de la comida: cuando sienta el olor de una comida que le atrae, reprograme su mente para tratarlo como si fuera un buen perfume, e ignórelo. Con el tiempo, aprenderá a que los olores no le controlen el apetito. Los olores actúan a través de la mente, y no son mensajes del cuerpo: es la mente instruyendo al cuerpo.
Volvamos al tema de la sal. Prepare un litro de agua de manantial con dos cucharadas de sal de mar. Tómeselo a lo largo de 24 horas: empiece en ayunas con unos 10 sorbos, y luego tome unos 2 sorbos cada hora, hasta terminar el litro en 24 horas. Esto se hace una sola vez. Después, acostúmbrese a añadir un poco de sal a su agua, más o menos media cucharadita al día. La sal le causará una limpieza interna fuerte, sobre todo si tiene sobrepeso; puede sentir algo de malestar, y es normal. La sal mata los parásitos. Lo que pasa es que, si el cuerpo tiene mucha falta de sal, entra en un estado de curación intenso: es como limpiar una casa que no se limpió en años, donde el polvo sale por todos lados. Aumentar la sal en la sangre es fundamental, y la mayoría de las personas anda muy baja en sal.
Añádale gusto a la comida: póngale bastante sal, pero siempre procurando que esté húmeda y sin cocinar. Prepare agua salada a su gusto y téngala en la cocina y en la mesa. Cuando termine de cocinar, añada esa agua con sal.
Ayuno: empiece por un día al mes sin comer. Hágalo en su casa, con comida a la vista, y dígase: tengo comida, no estoy pasando hambre por necesidad, solo lo hago para entrenar mi cuerpo, mi mente y mi subconsciente, para darle un descanso al sistema digestivo y una oportunidad de limpiarse al sistema inmune.
Verá que no es tan difícil como parece. Si la desesperación es muy grande, tome agua o coma un pedazo de fruta; aunque es mejor comer grasa animal. En el ayuno está la cura de muchas enfermedades. Aunque no lo crea, es posible pasar veinte días sin comer nada, y veinte más comiendo solo frutas.
La mejor forma de ayunar es difícil de creer, pero tiene una base científica sólida: consiste en ayunar comiendo grasa animal, como manteca de cerdo, de pollo o aceite de coco. Es decir: cuando tenga hambre, tome una o más cucharadas de esa grasa, las veces que quiera al día. Esto le permite sentirse bien y con energía, y lo más importante, le permite extender el número de días de ayuno.